lunes, 15 de abril de 2013

KOH PHANGAN STYLE

SEAWS XXXVI
Soth East Asia Wild Spirit

SI ERES CAPAZ DE IMAGINARLO, TEN POR SEGURO QUE PUEDE HACERSE
Dicen que todo se inició en una fiesta de cumpleaños en 1989, que la reunión en la playa de Haad Rin bajo la luna llena fue tan especial que en la siguiente luna llena se volvieron a reunir allí. Y así sucesivamente, la tradición mensual fue creciendo y creciendo, traspasando fronteras, hasta convertirse en el masificado fenómeno que es hoy día. Por el camino se ha perdido pureza y esencia, quedando tan sólo el escenario, el ruido y el recuerdo de un pasado quemado a base de exprimir el negocio. Algo así como la transformación que ha sufrido Ibiza a través de sus diferentes etapas: descubrimiento, apogeo y decadencia en calidad y exclusividad.  

Haad Rin Sunrise desde el agua
Me lo esperaba diferente. Imaginaba gente interesante, cultivada, vivida, relajada por fuera y con fuego vital por dentro. Pero salvando raras excepciones en peligro de extinción llegadas al presente esperando el pasado, lo que allí se congrega es una manada de pseudoadolescentes descontrolados a los que les venden el paquete vacacional en su país de origen. Es el Punta Cana de los países nórdicos, el Mallorca de los alemanes. Apuesto a que las universidades de Suecia, Finlandia, Noruega, Dinamarca e Inglaterra cuentan con una amplia oferta turística de esta isla otrora selecta. Como no sabemos si este blog lo leen niños, el contenido para adultos lo suprimiré del texto.

Primera y única noche que
dormí en la cama. Mi sitio estuvo
en la hamaca de la terraza.

Fue poner un pie en el muelle de Thongsala y el siguiente en la camioneta que nos llevó botando junto a nueve ingleses por el abrupto terreno hasta la Haad Rin, el punto más sureste de la isla. Nuestro apretado presupuesto nos había concienciado de que iba a ser una mañana dura buscando alojamiento. La recomendación de reservar hotel por internet pasó al olvido al ver el precio que allí se ofertaba. ¿Cama en habitación de diez personas por 12€ cada uno? Estamos buscando una habitación para los tres y como mucho pagamos 8€/persona. Buscaríamos in situ. Así, tras un escénico camino con bonitas vistas de mar y selva, desembocamos en una calle “comercial” recomendada por el conductor. Gracias man. Entramos en el hotel más cercano, el Neptune Villa. 3.000THB (78€) la habitación para tres. Sin piscina y con internet. Jajaja. A ver sapete quítale un cero a tu precio, eso es lo que buscamos. *Imposible en este periodo, es la fullmoon.  Contra pronóstico, el siguiente “resort” en el que preguntamos vio nuestro despertar los siguientes ocho días. ¿La razón? Bungalow de madera con terraza, vistas al mar (lejano, pero allí estaba) baño y King size bed por 500 THB. Además captábamos el internet del Neptune, por lo que con un batido de soja allí comprado nos hicimos con la clave para toda la semana. *Es para dos personas, no podéis quedaros tres. -Venga hombre, en vez de 500 te damos 600, qué más te da. No necesitamos cama extra, nos duchamos rápido y nos quedamos más de una semana. Bueno para ti, bueno para nosotros. Y por si el precio no era el adecuado, el buen hombre nos hizo saber que tras la fiesta se rebajaba a la mitad. Vamos, que dormimos por menos de 4€ la noche y eso nos dejó un margen inesperado para invertir en ocio.

Ni una mueca de dolor el animal. Y eso que no le gustó el 
aro que le pusieron y se lo cambió sobre la marcha. Dolor.
Koh Phangan ocupa más del doble de la extensión de Koh Tao, aunque para nosotros se redujo a dos playas opuestas separadas entre sí por el acogedor núcleo urbano: la Sunrise Haad Rin (donde se celebra la luna llena) y la Sunset Haad Rin (donde nos alojamos). Todo quedaba a menos de quince minutos a pie. El seven eleven donde desayunamos cada día con cara de mañana y recenábamos con la cara desencajada, el mercado que descubrimos por suerte el tercer día después de que nuestro pequeño restaurante local estuviese cerrado. El tatuador donde Villa se calentó y salió con un aro en la nariz mientras nos pintábamos el brazo para la fiesta, la tienda de ropa fluorescente regentada por la amable tai que rebajaba los precios más bien poco y la playa testigo de nuestra semana fantástica. No hicimos excursiones. Ni cascadas, ni barcos ni otras playas.

HAAD RIN SUNRISE 

Dos ingleses, un francés y un español. ´
72 toques con la cabeza entre los 4.
DE DÍA: La gente relaja, entorno tranquilo, peña leyendo, jugando al freesbee, a las palas, partidillos de fútbol y baños en una playa de finísima arena blanca, agua cristalina a temperatura perfecta. El sol irradia fuego y las posibilidades de sombra empiezan hacia las cuatro de la tarde. Zumos y batidos de frutas tropicales. Es el escaparate para lucirse de cara a la noche y ver a una familia con niños es tan posible como encontrarte a un cerdo vietnamita paseando por el parque del retiro de Madrid. Los hay, pero no es muy común. Barcos de popa larga salen y entran continuamente a la bahía llevando y trayendo turisteo. Seis son las calles que desembocan en la playa. Es el punto de alquiler de motos de agua más barato que he encontrado en el mundo, de momento. En Colombia salía a 25€ los quince minutos, igual que en Indonesia. En España el precio es de 50€/15 minutos. En la Haad Rin son 12€/15 minutos. Y tu límite es el mar, no se trata de un circuito cerrado con boyas.  Todo ello con música house de fondo.

Dominio absoluto de cariocas y palos
de fuego. Bidones de gasolina ahí mismo.
Más de uno se chamuscaba pecho
y pelo... Caí en la antepenúltima ronda.
DE NOCHE: Cuando el sol cede su puesto a la luna, el recato hace lo propio con el desenfreno, la tranquilidad con el exceso y los batidos de plátano y sandía se diluyen entre buckets de vodka con red bull. Ya no calienta el sol, calienta el fuego del espectáculo diario que tiene lugar en el Cactus. Juegos de niño tales como saltar a la comba y pasar por debajo del limbo son adulterados por la incandescencia del elemento, envuelto en llamas. Botella para el campeón. La playa se convierte en un parque de atracciones a 40°. Mirando al mar, en el córner izquierdo de la bahía se concentran bares psicodélicos elevados sobre el acantilado, figuras mitológicas graffiteadas en sus paredes, iluminación extravagante y alternativa. Esa esquina es famosa por sus hilarantes zumos de setas alucinógenas que te transportan a una vertiente más cómica de la misma realidad.

El derroche de luz en la zona de garitos es llamativo y lo es más su tendencia a la máxima intensidad sin calentamiento previo. Música comercial demasiado cañera desde primera hora, no se aprecia una evolución ascendente que te lleve a volar. Cuesta adecuarse al ritmo de la noche, aunque una vez conseguido la cosa cambia y es placentero flotar entre las notas.

Impresionante observar y formar parte de la fermentación de la fiesta, creciendo cada día y noche, nuevas caras que se sumaban minuto a minuto hasta alcanzar el cénit con la luna redonda iluminada sobre el cielo tailandés el pasado 25 de marzo. Más de 13.000 personas hicimos vibrar a la Haad Rin. Pinturas fluorescentes, chavales que pasaron la noche entre rejas por poseer sustancias que no debían, toboganes de agua, caídos en combate y ganas de ver amanecer… FMP.

Panorama a las 7.30 am en la FMP 

Villa con su burra

Inu en pleno goce

Ni Inu ni Villa habían cogido nunca una moto de agua y la sensación que tuve tras ver sus caras de felicidad después de veinte minutos de velocidad, giros y caídas no entra en la esfera del dinero. Inu le dio duro y a Villa le recogí en la orilla para darle juntos los últimos cinco minutos… Tardó bien poco en coger el feeling aunque al principio giraba con reservas. Va Villano, dale gas a fondo, más, más, cuando te diga gira todo a la derecha bruscamente sin soltar gas… ¡Ahora! Salimos ambos despedidos de espaldas acabando a más de doce metros de la moto. Jajaja fue espectacular. Inu recortando como si no fueran sus primeros minutos. Muy guapo.

Atardecer en Sunset Beach. Villa tras la cámara.
Supongo que a Inu le empezaba a afectar su cercano fin de viaje, el esguince de tobillo y la incertidumbre de lo que vendría después y a Villa el ajustado presupuesto del que no se desvió haciendo gala de una gran disciplina mental. Por ello disculpaba su falta de ánimo en el día a día, no sin hacer comentarios sarcásticos de la situación. Preferían estar en la cabaña en vez de en la playa durante el día, *mucho calor macho. Cuando daban las 12 de la noche Villa volvía para el bungalow y en la full moon tuve que ver el amanecer rodeado de otros españoles ya que los compañeros no llegaron, así que algunas cosas las hice por mi cuenta para no quedarme con las ganas.

¿Dónde está Inu? *Ha ido al baño.
Le vi aparecer con esta tartita.
Gracias equipo!
Degustamos a diario excelente comida tailandesa en un clima sin prisas con el ventilador enchufado en la espalda, nos encontramos con vari@s que conocimos en Bangkok, Koh Tao y Angkor Wat. Flipé al entender que los ladyboys en Tailandia son un amplio grupo social e incluso cuentan con subvenciones del estado para sufragar sus operaciones de cambio de sexo. Pensaba que se travestían por la noche pero que va, atienden en restaurantes, comercios, hospitales y abundan por todos lados… Me quedé loco. Playa de día, fiesta con los pies en la arena de noche. 3 días alquilé moto de agua, uno de ellos el 30 de marzo, que cumplí 28 años.

Y así, entre pad thais, vegetales cocidos con anacardos, batidos de coco y fruta del dragón, partidillos de fútbol en la playa y celebraciones nocturnas sin fin transcurrió la semana en Koh Phangan.

Así empezamos la FMP a las 9 pm...
Y así la acabé a las 10.15 am...
Próximo destino, Koh Phi Phi y Maya Beach, en la costa de Adaman, al oeste de la Tailandia continental. Allí se rodó la película de “La Playa” protagonizada por Leo Di Caprio, si no la has visto, ya tienes dos horas ocupadas…

Muy tranquilos en la HR


¿Quieres tarta? Felices 28!



domingo, 14 de abril de 2013

KOH TAO


SEAWS XXXV
South East Asia Wild Spirit

Reposando sensaciones en Bali, la isla de los dioses, donde todo puede pasar y de hecho pasa, dando un enfoque olvidado a uno de los ingredientes que añado a todas mis acciones… Love
Lógicamente Villa no estaba en la Kao San cuando llegamos. Debe de estar en la estación de tren. Apretados por el reloj, degustamos el último Pad Tai bangkokero en el turbo tuk tuk que nos llevó a lo máximo que daba el gas… ¿Lucas? ¿Inu? Allí estaba Villano sentado a la derecha de un monje budista. ¡Qué pasa nen! Grande el reencuentro con uno de los figuras malagueños que conocimos en Uluwatu (Bali). *¿Queréis ducharos? –Sí colega, llevamos todo el día viajando… Por 20 THB duchita potente en la estación, lavada de dientes y frescos para iniciar un viaje de 10 horas en tren sin cama. La mejor hora para salir de Bangkok rumbo las islas del este de tai son las 19.30, por el tema de posterior conexión con el ferry a la isla.

 Y así lo hicimos. Esta vez el tren sí se llenó y, tras ponerme al día charlando con Villa (Inu dormía ovillado en el asiento contiguo), me empecé a sentir incómodo allí sentado, así que me tiré al suelo bajo el asiento siguiendo el ejemplo de varios locales. Cuando me desvelé tenía la cabeza de Villa en mi tibia y éste el pie de una niña en el pecho. Todo un tetris de personas buscando la mejor postura, que en realidad no formaba parte de las posibilidades para ese viaje. Llegamos a Chumphon y, por comprar el billete en diferentes días, nos dividimos reencontrándonos tras el ferry en el puerto de Koh Tao.

Koh Tao Koh Tao Koh Tao, *¿cuánto te ha koh tao? -Ná, barato colega, aunque la cama dura, hoy me ha koh tao levantarme ya sabes… *Yo también estoy roto, me he koh tao con el coral en Freedom beach hace un rato… -Qué malo amigo, basta de tonterías ¿no? *Tienes razón, por cierto ¿os he koh tao nuestro trip por la isla? Así nos fue…

Caldo de cultivo de escuelas de submarinismo que proliferan gracias a la belleza de sus fondos coralinos, la abundancia de especies marinas y las ventajas fiscales para su creación, nido de puretas que subieron al avión buscando recuperar las sensaciones vividas en el útero materno para renacer en una tierra ajena a su pasado, hogar de una amplia comuna española y enclave de belleza tal que ni las hordas de turistas legos en el significado de viajar consigue disminuir, Koh Tao supuso nuestro reencuentro con el mar después de dos semanas continentales.

Tierra a la vista! Qué sensación tuvieron que tener los verdaderos
descubridores. No sabían lo que se iban a encontrar, siquiera si
iban a encontrar algo. Llegando a Koh Tao.
Y la cogimos con ganas. Con tantas ganas que al arribar a Seatran Pier caminamos bajo el perpetuo calor asiático, con diez kilitos a la espalda, los cinco kilómetros que separan el puerto de la bahía de Chalok Baan Kao, al suroeste de la isla, abriéndonos paso entre la selva taxista aglomerada a lo largo del primer kilómetro al estilo de los animadores ciclistas durante la etapa alpina del Alpe D´Huez en el Tour de Francia. ¿Por qué a esa bahía? Habíamos oído y leído que era zona tranquila obviada por el turismo feroz, concentrado en la playa de Sairee, en la costa oeste de Koh Tao, Isla Tortuga.

Vistas desde la amplia habita del
IHASIA. Sería la única vez que
contásemos tres camas en una room.
Desentumeciéndonos tras el primer
baño en el paraíso Kotaoero.
Villa cargando con la mochila de Inu, mitigando así las molestias causadas por el esguince de tobillo aun no curado que arrastraba éste último. Los 200 THB/persona ahorrados en el transporte sufragaron nuestra primera noche en el IHASIA, hotelete-escuela de buceo situado a pie de playa, regentado por “El Brujo” y su equipo español, altamente recomendable si esta isla forma parte de tu itinerario. Fueron dos días y dos noches armónicos, timming perfecto antes de partir a la vecina Ko Phangan. 

En necesidades básicas, encendimos el modo ahorro, espoleados por un Villa experto en multiplicar la eficiencia del dinero. Nuestro restaurante se llamó Seven Eleven y el menú estuvo compuesto por noodles instantáneos de diferentes sabores, todos picantes. Desayuno, comida y cena. Menuda sudada se pegó Villita comiéndose unos ultrahot, lágrimas corrían por sus acaloradas mejillas. Prácticamente no contactamos con nacionales thais en una isla propicia para iniciar una etapa vital relajada fuera del radar del sistema establecido.

RODEANDO LA ISLA

Aparte de sus barecitos playeros donde se bebe libertad y se descorchan sonrisas con y sin luz, la verdadera belleza de Koh Tao reside en sus cristalinas aguas rebosantes de vida submarina. Suerte tuvimos al conseguir enrolarnos a la excursión guiada por Roland, experimentado patrón bávaro en un clásico barco de popa larga impulsado con un motor de tractor de 15 CV adaptado a su nueva función. Compartimos bote con dos chicas de Zaragoza y tres de Barcelona y nos llevamos tan bien que seguimos la excursión en tierra firme hasta que casi salió de nuevo el sol, ya con Villa, que no quiso unirse al diurno rodeo isleño, no le latía el minitrip.

Crew del día

Tritón Inu 
Muy buen rollo, tuvimos suerte.
Buceando con una sombrilla de mar. Roland tengo la aleta rota.*No te preocupes
funciona igual de bien. ¿?

Roland, que lleva cuarenta y tres años fuera de su patria viajando por los cinco continentes, fue un excelso anfitrión, extralimitándose en sus funciones, regalándonos un día y una visión periférica de la isla inolvidable (hasta que venga el Sr. Alzheimer a jugar con nuestra mente). *No, no, el dinero al final, sólo me pagáis si os gusta. La primera hora ya hubiese valido la actividad. Nos dirigimos a Shark Bay (Thian Og Bay), donde con suerte avistaríamos tiburones de punta negra, claves en el ecosistema de esa zona. Los ocho en el agua, la adrenalina del entorno neutralizó la resaca de una primera noche menos tranquila de lo que prometía en principio.

Roland en acción. En una de sus inmersiones atravesó un
banco de peces enorme, aguantó hasta que se reunificó sobre
él y ascendió entre el torbellino de peces tropicales girando
a su alrededor. 
Me separé del grupo dirección corazonada. Coral muerto en la bahía, pocos peces y signos de vida, inmerso en mi respiración, a lo lejos diviso un tiburón nadando por el fondo… ¡Yepa! Algo más de un metro de escualo; le sigo respetando su espacio, su hábitat, sólo quiero verte más de cerca, honro tu especie. Nado tras él hasta que veo otro tiburón, más pequeño y nervioso. Joder. Saco la cabeza: ¡Inu! ¡Chicas! Venid aquí, no os podéis perder esto. También buscamos a la tortuga más vieja de la isla, pero no dimos con ella, por lo que nos dijeron suele salir al atardecer, como los abuelillos en los pueblos. Al poco me vi buceando con Roland; él hace apnea y permanece cuatro minutos sumergido, agarrado a dos rocas. El hombre es capaz de estar seis minutos bajo el agua, gracias a ello se mimetiza con el fondo y la vida alrededor deja de temerle, por lo que puede observarla mirándola a los ojos. Intento copiar su técnica (adaptándola a mi capacidad pulmonar) al ver que dos tiburones le pasan por encima.

Tiburón de aleta negra, no es tan peligroso como el gran blanco,
el tigre o el toro, pero también tiene dientes.
Quiero esa visión. Buceo, me mantengo sujeto a una roca y cuando me estaba quedando sin aire le veo venir. A tres metros de mí asciende para evitarme y aprecio la media luna de su boca, qué guapo. Emocionado salí del agua. Entre bromas, peces de colores, chapuzones y fondos impactantes transcurrió el waterday. Tanote Bay, Mango Bay, Nang Yuan y Sai Nuan fueron nuestras paradas técnicas. Los 600 THB que costó la excursión nos dejó un dulce regusto por el valor intangible de la misma, el campo de los recuerdos. Ese precio se ajusta más a una excusión amplia, no a una cuasi privada. Gozada.

Por la tarde nos reencontramos en el IHASIA con Villa, quien snorkeleó junto con otros españoles en la Shark Bay y se hizo buenas fotos con tibus de fondo. Intercambiamos fotos con el resto del crew del barco y quedamos después de cenar en el Babaloo, pub en la arena cercano al hotel. La isla empapelada señalando la fiesta que esa noche tenía lugar en el Castle, uno de cuyos Dj´s era David, de Madrid. Pues nada, como yo era el único que prefería plan playero de hoguera e historias, me uní al deseo fiestero del resto y entre risas bañadas en cerveza llegamos a las 3 plantas del Castle, garito fusión entre naturaleza y discoteca.

Villa rodeado de médicos, nunca se sabe...
Patri la maña tenía algo de calle pero las tres catalanas, 25 años cada una, recién licenciadas en medicina, estaban tan asustadas como un cervatillo fuera de su hábitat, lejos del calor de sus costumbres. Y después de lo que llevo viajado y vivido en mis ahora 28 palos, me sentí con la responsabilidad de que las chicas tuviesen una noche memorable, creando la confianza y seguridad necesaria para que se pudiesen expresar libres y olvidar su permanente estado de alerta, para eso estábamos nosotros allí. Así que nada más entrar compré un bucket (cubo de playa) de cubalibre con pajitas para todos. Hidalgo hidalgo hijoputa el que se deje algo. A lo largo de los países que he visitado desde que hace ya unos años empezase a viajar, siempre me he encontrado con gente más experimentada que yo que me ha dibujado caminos abriendo puertas donde sólo veía impenetrable pared desnuda. Ahora me sentía en aquella posición con estas chicas, me tocaba dar a mí. Así que otro bucket y a bailar ¡que no falte de nada! Cabezas juntas, pajita per cápita y hasta el final… Inu se arrancó y compró otro, luego Villa y finalmente las catas pusieron otro en común. Globos de la risa, muslo con muslo, la cosa se fue calentando y a las 3 horas el contingente hispano apareció en la playa brindando con vasos de plástico el bacardi oro de litro que trajimos de Camboya… Una bonita despedida de Isla Tortuga.

Rumbo FMP
La alarma penetró dolorosamente en mi cabeza, inundándome poco a poco, ahogando mi sueño con una pesadez transitoria que no era sino la llamada de la isla de la perdición. Partíamos hacia Koh Phangan, tres días antes de la fiesta de la luna llena, famosa en el mundo entero por la magnitud de lo que allí sucede, pondremos a prueba su leyenda. Nosotros de vacaciones y el hígado con trabajo extra para no convertirse en foie. 200 THB tuvimos que pagarle al Brujo por perder la llave de la habita, ¿dónde está? No idea. En fin, el camino hacia el muelle se estaba haciendo duro, destilando ron por los poros de la piel, camiseta pegada a mochila y espalda, ojos enrojecidos, cabeza puzzle sin pieza fundamental; perdona, ¿nos llevas al puerto? El hombre conducía moto con sidecar. Subid. Suerte, coincidencia o buena acción, lo que quieras, pero nos plantamos por la cara en el abarrotado puerto. Media de edad: 25 años. Party boat destino Full moon… ¡Auuuuuu!



Aunque sólo fotografiamos lo que veis, el día lo pasamos entre barracudas, peces payaso, anémonas fluorescentes con forma de cerebro humano, peces fusil, almejas gigantes, erizos de púas enormes, peces ángel y demás fauna y flora marina avistable en el archipiélago tailandés sin necesidad de botella. 

Sujetando un ojo de mar. Momentazo en Tanote Bay con la lancha amarilla del fondo poniendo los grandes éxitos de Bob Marley en su potente equipo de sonido.


miércoles, 10 de abril de 2013

CAMBOYA


SEAWS XXXIV
South East Asia Wild Spirit 
Interesante observar como ciertos daños físicos y emocionales no siguen una pauta evolutiva, al menos sintomática, para su recuperación. Un día amaneces con una postiza mueca de dolor, buscando la molestia que ya formaba parte de tu vida, pero no está allí, aunque la pretendas. Es como hacer palomitas en el microondas, el maíz no se va transformando mientras se calienta, si no que de repente ¡pap! Peta, palomitas blancas y ¡a zampar!
Mi felicidad no puede ser completa si no viene acompañada de la tuya, hermano.
El pasado 4 de abril Inu emprendió el regreso a España después de ciento cuarenta y tres días dando gloria por donde ya sabéis y por donde no. Durante ese tiempo hemos vivido una realidad aumentada por la intensidad imprimida a cada instante y el deseo de empujar el límite, por la ausencia de estereotipos en los que subsumirnos, por la certeza de que los momentos no vuelven y por la voluntad de exprimirlos hasta la corteza. Y bueno, la verdad es que ha sido una puesta en escena muy similar a la idea que teníamos en mente antes de salir de España, con la explosiva alegría de que ni la mente se puede hacer ideas de algo que no se espera.

Nos quedamos en Bangkok ¿no? No veas si ha llovido, sobre todo estos últimos días está cayendo agua a espuertas por Indo, aunque teniendo en cuenta que hace poco el SEAWS se quedó cojo quizá Asia está llorando un poquillo…je. De ahí pasamos a la risueña Camboya, destino la ciudad templaria de Angkor Wat, en Siemp Reap.

De lunes a lunes animando las noches de Siem Reap
A las 5.15 am despertábamos al conductor, que dormía estirado sobre su vehículo; zombie, se incorporó sin abrir la boca, arrancó su tuk tuk y nos llevó obviando los semáforos en rojo por la adormecida capital de Tailandia hasta la abovedada estación central de tren de Hualampong. Ciao Bangka, junto con Río de Janeiro la ciudad grande que más posibilidades tiene de alegrar el interior y desentumecer mentes cerradas. Fuimos para tres días y nos quedamos diez.

Cuidan bien a sus nacionales en Tailandia, pongamos como ejemplo la gratuidad del tren que nos acercó a la frontera, costeado por los simbólicos 0.50€ que han de pagar los extranjeros, esto es, nosotros. Imagino que el trasto está amortizado desde el siglo pasado y pese a su incomodidad en comparación con otros trenes, destaco el bienestar que provoca la elevada correspondencia en la relación calidad-precio. ¿300 km por cincuenta céntimos? Como si me van tirando agua en la cara. Siendo gratuito y haciendo más paradas que un autobús de línea, pensaba que los vagones irían atestados de lo peor de Tailandia, pero qué va, nunca llegó a llenarse, por lo que ni siquiera nos pusimos en la tesitura de levantarnos para ceder el asiento a otra persona.

Tras cuatro horas de traqueteo y vendedores ambulantes por los pasillos, además de un descontrolado incendio exterior que calentó el codo de Inu aparte de nublar nuestro vagón con espeso humo blanco, llegamos a Aranyaprathet, donde como siempre sucede en todos los lugares del mundo cuando desciendes de un transporte público, allí están los taxistas preparados para recoger el testigo. Intentamos compartir vehículo con una pareja francesa pero sólo se podía ir de dos en dos los 10 km que nos separaban de la frontera ¿?.

En la supuesta oficina de inmigración una docena de turistas rellenaba formularios y pagaba 30€ por su visado camboyano, sin saber que no servía para nada al otro lado de la frontera. TIMO. Avisado por la americana que nos encontramos cenando dos días antes de salir del país, allí se respiraba tensión de engaño. Como tampoco estaba seguro de que no fuera real, no me llevé a todo el turisteo con nosotros, sólo a los franceses que habíamos conocido en el tren. “Verás, creo que todo esto es falso, así que hasta luego”. *Tú mismo, no vas a poder entrar en Camboya sin esta habilitación, me dijo el “oficial”. El caradura mentía aun habiendo sido descubierto, claro que su negociete seguiría y sigue vigente sin nosotros.

Si salir de Tailandia fue un trámite ligero, la exasperante entrada en Camboya por la fronteriza Poipet metió presión al destino elegido: “espero que Angkor Wat merezca la pena”. Tres horas y media de esperas, filas y calor, dos puntos de control. Uno para el pago (20U$) y entrega de foto, el otro de recogida de huellas dactilares, por lo menos el sello del pasaporte está bastante currado. Otros dos buses para completar la acalorada odisea y llegamos a Siem Reap. Espectacular como baja el precio del transporte con cada paso que te aleja de la parada donde llegaste. En fin, que nos llevó un colegón muy majete en su motocarro: *¿Cómo se llama vuestro hotel? –Menos de cuatro dólares la noche, conexión wifi y en el centro… ¿Lo conoces? *Puede… Así caímos en el familiar No Problem Villa, reformado hacía tres meses.

Pasamos cinco noches en Camboya y descubrimos un País tremendamente mezclado, carente del eslabón de en medio, extremista, fusionado, inconexo y alegre. Más puro que un habano. Hermanos camboyanos, una profunda afinidad me unió a las personalidades que fui conociendo en el camino. Quizá mis relaciones estaban mediatizadas por la compasión interna que desembocaba en la repulsión de una vida cómoda ganada por el dudoso mérito del lugar de nacimiento y por la veneración a una estirpe que hace menos de cuarenta años sufrió uno de los mayores genocidios conocidos por la humanidad.

En efecto, para entender mejor a la sociedad camboyana se hace necesario poner de relieve el sanguinario e irracional episodio histórico que soportó durante los cuatro años que Pol Pot estuvo en el poder (1975-1979).

Cuando las colonias francesas y las tropas americanas, presentes en Camboya desde la II GM, se marcharon, el revolucionario Pol Pot se hizo con el mando del País: sus ideas, influenciadas por el comunismo más extremo, giraban en torno a la creación de una sociedad agraria con vistas a recuperar la gloria perdida de un País en decadencia. El malnacido exterminó a todo aquel que no se doblegaba ante su voluntad campesina, usar gafas o hablar idiomas era motivo de fusilamiento. Despojó a todos los habitantes de Camboya de sus bienes privados y les puso a trabajar en la construcción de terrazas de arroz en jornadas diarias de 12/14 horas. No se permitían pensamientos individuales, era traición al régimen. Respecto de la comida, tenían preferencia los que ya eran campesinos con anterioridad a su ascenso al poder, por lo que los exciudadanos recibían cantidades insuficientes y morían de hambre o agotamiento. Más del 25% de la población camboyana (2 millones de personas de los 7 de la época) pereció bajo las órdenes de Pol Pot, quien además destrozó bibliotecas, museos y toda la cultura que encontraba a sus paso, dejando intacto, debido a su profunda admiración hacia los Reyes Jemeres, la ciudad templaria de Angkor Wat.

Para saber más de Pol Pot y su lamentable régimen os dejo el siguiente link:  http://www.youtube.com/watch?v=vtPHzkfJv2Q

El cruento régimen imbuye de grandeza al pueblo camboyano, que lejos de relamerse unas heridas aún abiertas, justificada estaría su autocompasión, mira hacia delante con valentía, transparencia y sentido del humor. También con ignorancia. El calor es difícilmente soportable, así que, si bien fracasamos en el intento de purificar nuestro cuerpo ingiriendo tan sólo fruta y agua durante nuestro tour camboyano (en nuestro descargo hay que decir que la fruta no se encontraba en las condiciones de Indonesia o Tailandia) lo compensamos descubriendo los 200 km2 de Angkor Wat de la forma más fatigosa y profunda, en bicicleta.  

Una ciudad completa Siem Reap; su mercado, buena comida en puestos callejeros, locas noches en la Pub Street y un trato muy cercano con su gente. El agua es cara y un masaje de 20 minutos en pies y piernas cuesta 1 U$. Porque la moneda en Camboya es el dólar y el riel, este último en desuso. Niños correteando por todos lados, en las tiendas y en la calle, tullidos desmembrados resultado de las minas antipersona se arrastran buscando una limosna que difícilmente van a disfrutar, vendedores ambulantes ofertando sus crepes, guías de viaje y transporte para todos. Ausencia total de tensión por peligrosidad, parece un pueblo desordenado e inofensivo. Y, por cercanía, es la base perfecta para conocer el mayor complejo religioso del planeta tierra, antiguo centro político del Imperio Jemer. ANGKOR WAT (http://es.wikipedia.org/wiki/Angkor_Wat).

Alquilamos la bici tres días por 2.5 U$ cada uno de ellos, el mismo precio que cuesta una moto en Bali. El hombre tenía una agencia de viajes y le caímos bien.

El primer atardecer lo visioné desde Phnom Bakheng, el templo recomendado por el tuktukero que nos trajo, siempre presente en los aledaños del hotel por nombre, pensión por trato. Tuve que subir sólo porque Inu iba en camiseta de tirantes y no le dejaron acceder al templo. Le pedí un fular a una japo para que Inu  cubriese sus hombros y, aunque fue gracioso verle sudando con una capa roja y verde, no coló; me convenció a entrar José, otro español que se había quedado sin atardecer por el mismo motivo. *Mi amigo está arriba, por lo menos que lo vea uno de los dos. Y subí al templo, infestado de asiáticos con trípodes y cámaras profesionales. A los quince minutos bajé de nuevo, paso. José, gay valenciano, venía de tres meses en la India y hablaba de ese país con brillo en los ojos. Nos aconsejó sobre las playas de Tailandia y quedamos en tomar unas cerves un día de estos, que nunca llegó.

Precio entrada 3 días: 40 U$.


Nuestro guía, la Lonely Planet, recomendaba la visita a los templos en orden cronológico a su construcción, para hacerse una mejor idea de la evolución del arte jemer a través de las diferentes dinastías, y le hicimos caso. Al estilo de Egipto, cada Rey (en su caso faraón) plasmaba su devoción divina y poder en la construcción de colosales templos (pirámides) durante su reinado. Los kilómetros que cubrimos pedaleando el primer día bajo un aplastante solano nos acercaron a las arterias del corazón del símbolo de Camboya. De primeras nos dirigimos a la Ciudad de Roluos y, como no está del todo bien señalizado, nos pasamos cuatro kilómetros que deshicimos para adentrarnos en Loilé, poblado de zancudas casas de madera levantado gracias a las donaciones de los países que orgullosos muestran su bandera en la puerta de hogares y escuelas. 

Fue la mañana de un niño, una sonrisa, unas palmas, un dólar. Las casas sirven a su vez de escuela y los profesores están haciendo una gran labor con los peques, que básicamente aprenden inglés. Conversamos media hora larga con Jay, mientras nos rodeaban niños y mayores, contentos por la visita alienígena que significábamos para ellos. La bici, que llega donde buses y tuktuks no lo hacen. Inu quedó impactado con Jeff, el monje budista de dieciocho años que enseña canto e inglés a chavales más jóvenes que él. Nos enseñó las aulas, material escolar y Pc´s, todo fruto de donaciones desinteresadas de gente comprometida. Sentí vacío al no poder ofrecer más que mi enfocada atención y un sincero abrazo. “Fíjate este chaval, con dieciocho está enseñando a otros, recibiendo a extranjeros con un nivel de inglés más que aceptable, ajeno a las tonterías que tenemos en la cabeza en España a esa edad, cuando la mayoría siquiera ha salido del cascarón…” Ya ves Inu, fuerte ¡eh!


Jeff e Inu conversando en el descansillo del aula

Entre un aura de espiritualidad y polvo flotante, parando en mini puestos ambulantes de venta de bebidas y zumo de caña de azúcar, prácticamente sin sombra proyectada por la verticalidad con la que el sol incidía en todos los centímetros de nuestra sudorosa espalda protegida con factor 50, llegamos a construcciones más recientes y colosales. Repetíamos operación en cada  templo visitado. Dejábamos la bici y ordenábamos a dos pequeños cuidárnoslas, cuando volvíamos ahí seguían los peques, que se ganaban dólar por cabeza, y entonces nos rodeaban, gritaban y suplicaban otros diez niños por dinero… Un buen bofetón y salían corriendo. Es broma. A los 20 kilómetros del primer atardecer le sumamos los 51 km de la excursión del segundo día, que nos dejó exhaustos y el culo dolorido, una sensación que seguro much@s conocéis y que, sin ser placentera, recuerda el esfuerzo realizado, por lo que se deja llevar.























Esa noche cayeron masaje, crepe de chocolate y plátano, birras y algún baile, venga a lo loco; nada intempestivo porque a las 5 am del siguiente día pedaleábamos 10 km a oscuras, cantando con la brisa, en dirección al templo más famoso de todos para disfrutar de un amanecer reflejado en el lago de su entrada: Angkor Wat.

Pre amanecer en AW






Fue otro día de descubrimientos. Flipamos con el Templo de Bayon y sus 216 caras gigantes, lo gozamos en la primera hora de un vacío y magnífico Angkor Tom, que evoca la época de florecimiento de la ciudad templaria más internacional, aquella que contaba con un millón de habitantes cuando ciudades como Londres apenas superaban los cincuenta mil. Y también nos descojonamos con los frentazos que se daba la gente en alguna puerta o acceso bajo, resonando el impacto en cada piedra del lugar santo. Buff, ¿Está bien? *Sí, no es nada, repetían aturdidos cuando la realidad deslizaba un torbellino de dolor en forma de chichón instantáneo.

Inu en la entrada sur de AW.

Los Jemeres ya sabían en lo que fijarse
Inu accediendo al Templo de Bayon
Echamos un ajedrez viendo como el sol tomaba posición en su altar y, tras visitar los templos que sirvieron de decorado a Lara Croft en Tomb Raider y a Indiana Jones en alguna de sus cruzadas, nos tiramos un rato en el césped que precedía al gran lago cuadrado que rodea Angkor Wat. Chinos, japos y coreanos (los del sur porque los del norte están ocupados en otros hobbies), todos en autobús, a granel, a chorro, inundando a media mañana cualquier rincón de la ciudad templaria. Abanicos, pamelas y cámaras, muchas quejas por el calor, paquete vacacional que trae algunas incomodidades, tranquilos, ya disfrutareis de las fotos en el salón de vuestra casa.
Bayon

Calor sofocante, pueblo energizante. Verde, salvaje, arbolado. Tres niveles sociales: Los mayores de cuarenta, todos supervivientes y afectados trágicamente por la matanza Polpotiana, los mayores de quince y menores de cuarenta, hijos de un de País indefinido, buscavidas agradables producto del postgenocidio y los menores de quince, hijos de la nueva Camboya, angloparlantes y carentes del miedo de sus progenitores, la esperanza de resurgimiento recae sobre sus pasos. Sociedad  supersticiosa, no les gusta el número 8 (significa privación de libertad) ni el 4 (su trazo implica decapitación), por ello buscarán casamientos entre edades que no sumen ni acaben en esos números. Natural. Perdona, ¿tienes agua? Cógela tú mismo de la nevera, me dice la mujer mientras amamanta a su pequeña, no se ruboriza, no se enerva, sigue en su tarea. Viciosos por ignorancia: alcohol, sexo y otras drogas componen la vida de algunos, los menos, pero los hay. Se respira bondad, pero también contaminación así que no inspires muy fuerte o entenderás porque la mayoría lleva una pashmina en la boca. ¿Barato? Alojamiento sí, la comida como en el resto del SEA.

Inu contemplando la magnificencia de Angkor Wat 

 En Camboya tan a gusto como en casa.

5 días después volvíamos a la frontera y la pesadez de los trámites fue la misma que entonces. El mismo día que viajamos, nuestro tren salía desde Bangkok (19.30h) rumbo al sur, a las islas de Tailandia, en concreto queríamos llegar a Ko Tao. Habíamos quedado con Villa (malagueño que conocimos en Bali) en la Kao San Road a las 16h, hora prevista de nuestra llegada. Sin embargo a las 17h aún nos encontrábamos a 150 km de la capital… 
Detalle de una de las 216 caras gigantes del Templo de Bayon.
Árboles gigantes cuyas raíces penetran en la roca de los
Templos creando imágenes inverosímiles
Creamos escuela con esta foto, muchos la repitieron.
Agua y fruta siempre a Maly
No me acuerdo de su nombre, pero si de cómo engullía coco...