domingo, 14 de abril de 2013

KOH TAO


SEAWS XXXV
South East Asia Wild Spirit

Reposando sensaciones en Bali, la isla de los dioses, donde todo puede pasar y de hecho pasa, dando un enfoque olvidado a uno de los ingredientes que añado a todas mis acciones… Love…
Lógicamente Villa no estaba en la Kao San cuando llegamos. Debe de estar en la estación de tren. Apretados por el reloj, degustamos el último Pad Tai bangkokero en el turbo tuk tuk que nos llevó a lo máximo que daba el gas… ¿Lucas? ¿Inu? Allí estaba Villano sentado a la derecha de un monje budista. ¡Qué pasa nen! Grande el reencuentro con uno de los figuras malagueños que conocimos en Uluwatu (Bali). *¿Queréis ducharos? –Sí colega, llevamos todo el día viajando… Por 20 THB duchita potente en la estación, lavada de dientes y frescos para iniciar un viaje de 10 horas en tren sin cama. La mejor hora para salir de Bangkok rumbo las islas del este de tai son las 19.30, por el tema de posterior conexión con el ferry a la isla.

 Y así lo hicimos. Esta vez el tren sí se llenó y, tras ponerme al día charlando con Villa (Inu dormía ovillado en el asiento contiguo), me empecé a sentir incómodo allí sentado, así que me tiré al suelo bajo el asiento siguiendo el ejemplo de varios locales. Cuando me desvelé tenía la cabeza de Villa en mi tibia y éste el pie de una niña en el pecho. Todo un tetris de personas buscando la mejor postura, que en realidad no formaba parte de las posibilidades para ese viaje. Llegamos a Chumphon y, por comprar el billete en diferentes días, nos dividimos reencontrándonos tras el ferry en el puerto de Koh Tao.

Koh Tao Koh Tao Koh Tao, *¿cuánto te ha koh tao? -Ná, barato colega, aunque la cama dura, hoy me ha koh tao levantarme ya sabes… *Yo también estoy roto, me he koh tao con el coral en Freedom beach hace un rato… -Qué malo amigo, basta de tonterías ¿no? *Tienes razón, por cierto ¿os he koh tao nuestro trip por la isla? Así nos fue…

Caldo de cultivo de escuelas de submarinismo que proliferan gracias a la belleza de sus fondos coralinos, la abundancia de especies marinas y las ventajas fiscales para su creación, nido de puretas que subieron al avión buscando recuperar las sensaciones vividas en el útero materno para renacer en una tierra ajena a su pasado, hogar de una amplia comuna española y enclave de belleza tal que ni las hordas de turistas legos en el significado de viajar consigue disminuir, Koh Tao supuso nuestro reencuentro con el mar después de dos semanas continentales.

Tierra a la vista! Qué sensación tuvieron que tener los verdaderos
descubridores. No sabían lo que se iban a encontrar, siquiera si
iban a encontrar algo. Llegando a Koh Tao.
Y la cogimos con ganas. Con tantas ganas que al arribar a Seatran Pier caminamos bajo el perpetuo calor asiático, con diez kilitos a la espalda, los cinco kilómetros que separan el puerto de la bahía de Chalok Baan Kao, al suroeste de la isla, abriéndonos paso entre la selva taxista aglomerada a lo largo del primer kilómetro al estilo de los animadores ciclistas durante la etapa alpina del Alpe D´Huez en el Tour de Francia. ¿Por qué a esa bahía? Habíamos oído y leído que era zona tranquila obviada por el turismo feroz, concentrado en la playa de Sairee, en la costa oeste de Koh Tao, Isla Tortuga.

Vistas desde la amplia habita del
IHASIA. Sería la única vez que
contásemos tres camas en una room.
Desentumeciéndonos tras el primer
baño en el paraíso Kotaoero.
Villa cargando con la mochila de Inu, mitigando así las molestias causadas por el esguince de tobillo aun no curado que arrastraba éste último. Los 200 THB/persona ahorrados en el transporte sufragaron nuestra primera noche en el IHASIA, hotelete-escuela de buceo situado a pie de playa, regentado por “El Brujo” y su equipo español, altamente recomendable si esta isla forma parte de tu itinerario. Fueron dos días y dos noches armónicos, timming perfecto antes de partir a la vecina Ko Phangan. 

En necesidades básicas, encendimos el modo ahorro, espoleados por un Villa experto en multiplicar la eficiencia del dinero. Nuestro restaurante se llamó Seven Eleven y el menú estuvo compuesto por noodles instantáneos de diferentes sabores, todos picantes. Desayuno, comida y cena. Menuda sudada se pegó Villita comiéndose unos ultrahot, lágrimas corrían por sus acaloradas mejillas. Prácticamente no contactamos con nacionales thais en una isla propicia para iniciar una etapa vital relajada fuera del radar del sistema establecido.

RODEANDO LA ISLA

Aparte de sus barecitos playeros donde se bebe libertad y se descorchan sonrisas con y sin luz, la verdadera belleza de Koh Tao reside en sus cristalinas aguas rebosantes de vida submarina. Suerte tuvimos al conseguir enrolarnos a la excursión guiada por Roland, experimentado patrón bávaro en un clásico barco de popa larga impulsado con un motor de tractor de 15 CV adaptado a su nueva función. Compartimos bote con dos chicas de Zaragoza y tres de Barcelona y nos llevamos tan bien que seguimos la excursión en tierra firme hasta que casi salió de nuevo el sol, ya con Villa, que no quiso unirse al diurno rodeo isleño, no le latía el minitrip.

Crew del día

Tritón Inu 
Muy buen rollo, tuvimos suerte.
Buceando con una sombrilla de mar. Roland tengo la aleta rota.*No te preocupes
funciona igual de bien. ¿?

Roland, que lleva cuarenta y tres años fuera de su patria viajando por los cinco continentes, fue un excelso anfitrión, extralimitándose en sus funciones, regalándonos un día y una visión periférica de la isla inolvidable (hasta que venga el Sr. Alzheimer a jugar con nuestra mente). *No, no, el dinero al final, sólo me pagáis si os gusta. La primera hora ya hubiese valido la actividad. Nos dirigimos a Shark Bay (Thian Og Bay), donde con suerte avistaríamos tiburones de punta negra, claves en el ecosistema de esa zona. Los ocho en el agua, la adrenalina del entorno neutralizó la resaca de una primera noche menos tranquila de lo que prometía en principio.

Roland en acción. En una de sus inmersiones atravesó un
banco de peces enorme, aguantó hasta que se reunificó sobre
él y ascendió entre el torbellino de peces tropicales girando
a su alrededor. 
Me separé del grupo dirección corazonada. Coral muerto en la bahía, pocos peces y signos de vida, inmerso en mi respiración, a lo lejos diviso un tiburón nadando por el fondo… ¡Yepa! Algo más de un metro de escualo; le sigo respetando su espacio, su hábitat, sólo quiero verte más de cerca, honro tu especie. Nado tras él hasta que veo otro tiburón, más pequeño y nervioso. Joder. Saco la cabeza: ¡Inu! ¡Chicas! Venid aquí, no os podéis perder esto. También buscamos a la tortuga más vieja de la isla, pero no dimos con ella, por lo que nos dijeron suele salir al atardecer, como los abuelillos en los pueblos. Al poco me vi buceando con Roland; él hace apnea y permanece cuatro minutos sumergido, agarrado a dos rocas. El hombre es capaz de estar seis minutos bajo el agua, gracias a ello se mimetiza con el fondo y la vida alrededor deja de temerle, por lo que puede observarla mirándola a los ojos. Intento copiar su técnica (adaptándola a mi capacidad pulmonar) al ver que dos tiburones le pasan por encima.

Tiburón de aleta negra, no es tan peligroso como el gran blanco,
el tigre o el toro, pero también tiene dientes.
Quiero esa visión. Buceo, me mantengo sujeto a una roca y cuando me estaba quedando sin aire le veo venir. A tres metros de mí asciende para evitarme y aprecio la media luna de su boca, qué guapo. Emocionado salí del agua. Entre bromas, peces de colores, chapuzones y fondos impactantes transcurrió el waterday. Tanote Bay, Mango Bay, Nang Yuan y Sai Nuan fueron nuestras paradas técnicas. Los 600 THB que costó la excursión nos dejó un dulce regusto por el valor intangible de la misma, el campo de los recuerdos. Ese precio se ajusta más a una excusión amplia, no a una cuasi privada. Gozada.

Por la tarde nos reencontramos en el IHASIA con Villa, quien snorkeleó junto con otros españoles en la Shark Bay y se hizo buenas fotos con tibus de fondo. Intercambiamos fotos con el resto del crew del barco y quedamos después de cenar en el Babaloo, pub en la arena cercano al hotel. La isla empapelada señalando la fiesta que esa noche tenía lugar en el Castle, uno de cuyos Dj´s era David, de Madrid. Pues nada, como yo era el único que prefería plan playero de hoguera e historias, me uní al deseo fiestero del resto y entre risas bañadas en cerveza llegamos a las 3 plantas del Castle, garito fusión entre naturaleza y discoteca.

Villa rodeado de médicos, nunca se sabe...
Patri la maña tenía algo de calle pero las tres catalanas, 25 años cada una, recién licenciadas en medicina, estaban tan asustadas como un cervatillo fuera de su hábitat, lejos del calor de sus costumbres. Y después de lo que llevo viajado y vivido en mis ahora 28 palos, me sentí con la responsabilidad de que las chicas tuviesen una noche memorable, creando la confianza y seguridad necesaria para que se pudiesen expresar libres y olvidar su permanente estado de alerta, para eso estábamos nosotros allí. Así que nada más entrar compré un bucket (cubo de playa) de cubalibre con pajitas para todos. Hidalgo hidalgo hijoputa el que se deje algo. A lo largo de los países que he visitado desde que hace ya unos años empezase a viajar, siempre me he encontrado con gente más experimentada que yo que me ha dibujado caminos abriendo puertas donde sólo veía impenetrable pared desnuda. Ahora me sentía en aquella posición con estas chicas, me tocaba dar a mí. Así que otro bucket y a bailar ¡que no falte de nada! Cabezas juntas, pajita per cápita y hasta el final… Inu se arrancó y compró otro, luego Villa y finalmente las catas pusieron otro en común. Globos de la risa, muslo con muslo, la cosa se fue calentando y a las 3 horas el contingente hispano apareció en la playa brindando con vasos de plástico el bacardi oro de litro que trajimos de Camboya… Una bonita despedida de Isla Tortuga.

Rumbo FMP
La alarma penetró dolorosamente en mi cabeza, inundándome poco a poco, ahogando mi sueño con una pesadez transitoria que no era sino la llamada de la isla de la perdición. Partíamos hacia Koh Phangan, tres días antes de la fiesta de la luna llena, famosa en el mundo entero por la magnitud de lo que allí sucede, pondremos a prueba su leyenda. Nosotros de vacaciones y el hígado con trabajo extra para no convertirse en foie. 200 THB tuvimos que pagarle al Brujo por perder la llave de la habita, ¿dónde está? No idea. En fin, el camino hacia el muelle se estaba haciendo duro, destilando ron por los poros de la piel, camiseta pegada a mochila y espalda, ojos enrojecidos, cabeza puzzle sin pieza fundamental; perdona, ¿nos llevas al puerto? El hombre conducía moto con sidecar. Subid. Suerte, coincidencia o buena acción, lo que quieras, pero nos plantamos por la cara en el abarrotado puerto. Media de edad: 25 años. Party boat destino Full moon… ¡Auuuuuu!



Aunque sólo fotografiamos lo que veis, el día lo pasamos entre barracudas, peces payaso, anémonas fluorescentes con forma de cerebro humano, peces fusil, almejas gigantes, erizos de púas enormes, peces ángel y demás fauna y flora marina avistable en el archipiélago tailandés sin necesidad de botella. 

Sujetando un ojo de mar. Momentazo en Tanote Bay con la lancha amarilla del fondo poniendo los grandes éxitos de Bob Marley en su potente equipo de sonido.


miércoles, 10 de abril de 2013

CAMBOYA


SEAWS XXXIV
South East Asia Wild Spirit 
Interesante observar como ciertos daños físicos y emocionales no siguen una pauta evolutiva, al menos sintomática, para su recuperación. Un día amaneces con una postiza mueca de dolor, buscando la molestia que ya formaba parte de tu vida, pero no está allí, aunque la pretendas. Es como hacer palomitas en el microondas, el maíz no se va transformando mientras se calienta, si no que de repente ¡pap! Peta, palomitas blancas y ¡a zampar!
Mi felicidad no puede ser completa si no viene acompañada de la tuya, hermano.
El pasado 4 de abril Inu emprendió el regreso a España después de ciento cuarenta y tres días dando gloria por donde ya sabéis y por donde no. Durante ese tiempo hemos vivido una realidad aumentada por la intensidad imprimida a cada instante y el deseo de empujar el límite, por la ausencia de estereotipos en los que subsumirnos, por la certeza de que los momentos no vuelven y por la voluntad de exprimirlos hasta la corteza. Y bueno, la verdad es que ha sido una puesta en escena muy similar a la idea que teníamos en mente antes de salir de España, con la explosiva alegría de que ni la mente se puede hacer ideas de algo que no se espera.

Nos quedamos en Bangkok ¿no? No veas si ha llovido, sobre todo estos últimos días está cayendo agua a espuertas por Indo, aunque teniendo en cuenta que hace poco el SEAWS se quedó cojo quizá Asia está llorando un poquillo…je. De ahí pasamos a la risueña Camboya, destino la ciudad templaria de Angkor Wat, en Siemp Reap.

De lunes a lunes animando las noches de Siem Reap
A las 5.15 am despertábamos al conductor, que dormía estirado sobre su vehículo; zombie, se incorporó sin abrir la boca, arrancó su tuk tuk y nos llevó obviando los semáforos en rojo por la adormecida capital de Tailandia hasta la abovedada estación central de tren de Hualampong. Ciao Bangka, junto con Río de Janeiro la ciudad grande que más posibilidades tiene de alegrar el interior y desentumecer mentes cerradas. Fuimos para tres días y nos quedamos diez.

Cuidan bien a sus nacionales en Tailandia, pongamos como ejemplo la gratuidad del tren que nos acercó a la frontera, costeado por los simbólicos 0.50€ que han de pagar los extranjeros, esto es, nosotros. Imagino que el trasto está amortizado desde el siglo pasado y pese a su incomodidad en comparación con otros trenes, destaco el bienestar que provoca la elevada correspondencia en la relación calidad-precio. ¿300 km por cincuenta céntimos? Como si me van tirando agua en la cara. Siendo gratuito y haciendo más paradas que un autobús de línea, pensaba que los vagones irían atestados de lo peor de Tailandia, pero qué va, nunca llegó a llenarse, por lo que ni siquiera nos pusimos en la tesitura de levantarnos para ceder el asiento a otra persona.

Tras cuatro horas de traqueteo y vendedores ambulantes por los pasillos, además de un descontrolado incendio exterior que calentó el codo de Inu aparte de nublar nuestro vagón con espeso humo blanco, llegamos a Aranyaprathet, donde como siempre sucede en todos los lugares del mundo cuando desciendes de un transporte público, allí están los taxistas preparados para recoger el testigo. Intentamos compartir vehículo con una pareja francesa pero sólo se podía ir de dos en dos los 10 km que nos separaban de la frontera ¿?.

En la supuesta oficina de inmigración una docena de turistas rellenaba formularios y pagaba 30€ por su visado camboyano, sin saber que no servía para nada al otro lado de la frontera. TIMO. Avisado por la americana que nos encontramos cenando dos días antes de salir del país, allí se respiraba tensión de engaño. Como tampoco estaba seguro de que no fuera real, no me llevé a todo el turisteo con nosotros, sólo a los franceses que habíamos conocido en el tren. “Verás, creo que todo esto es falso, así que hasta luego”. *Tú mismo, no vas a poder entrar en Camboya sin esta habilitación, me dijo el “oficial”. El caradura mentía aun habiendo sido descubierto, claro que su negociete seguiría y sigue vigente sin nosotros.

Si salir de Tailandia fue un trámite ligero, la exasperante entrada en Camboya por la fronteriza Poipet metió presión al destino elegido: “espero que Angkor Wat merezca la pena”. Tres horas y media de esperas, filas y calor, dos puntos de control. Uno para el pago (20U$) y entrega de foto, el otro de recogida de huellas dactilares, por lo menos el sello del pasaporte está bastante currado. Otros dos buses para completar la acalorada odisea y llegamos a Siem Reap. Espectacular como baja el precio del transporte con cada paso que te aleja de la parada donde llegaste. En fin, que nos llevó un colegón muy majete en su motocarro: *¿Cómo se llama vuestro hotel? –Menos de cuatro dólares la noche, conexión wifi y en el centro… ¿Lo conoces? *Puede… Así caímos en el familiar No Problem Villa, reformado hacía tres meses.

Pasamos cinco noches en Camboya y descubrimos un País tremendamente mezclado, carente del eslabón de en medio, extremista, fusionado, inconexo y alegre. Más puro que un habano. Hermanos camboyanos, una profunda afinidad me unió a las personalidades que fui conociendo en el camino. Quizá mis relaciones estaban mediatizadas por la compasión interna que desembocaba en la repulsión de una vida cómoda ganada por el dudoso mérito del lugar de nacimiento y por la veneración a una estirpe que hace menos de cuarenta años sufrió uno de los mayores genocidios conocidos por la humanidad.

En efecto, para entender mejor a la sociedad camboyana se hace necesario poner de relieve el sanguinario e irracional episodio histórico que soportó durante los cuatro años que Pol Pot estuvo en el poder (1975-1979).

Cuando las colonias francesas y las tropas americanas, presentes en Camboya desde la II GM, se marcharon, el revolucionario Pol Pot se hizo con el mando del País: sus ideas, influenciadas por el comunismo más extremo, giraban en torno a la creación de una sociedad agraria con vistas a recuperar la gloria perdida de un País en decadencia. El malnacido exterminó a todo aquel que no se doblegaba ante su voluntad campesina, usar gafas o hablar idiomas era motivo de fusilamiento. Despojó a todos los habitantes de Camboya de sus bienes privados y les puso a trabajar en la construcción de terrazas de arroz en jornadas diarias de 12/14 horas. No se permitían pensamientos individuales, era traición al régimen. Respecto de la comida, tenían preferencia los que ya eran campesinos con anterioridad a su ascenso al poder, por lo que los exciudadanos recibían cantidades insuficientes y morían de hambre o agotamiento. Más del 25% de la población camboyana (2 millones de personas de los 7 de la época) pereció bajo las órdenes de Pol Pot, quien además destrozó bibliotecas, museos y toda la cultura que encontraba a sus paso, dejando intacto, debido a su profunda admiración hacia los Reyes Jemeres, la ciudad templaria de Angkor Wat.

Para saber más de Pol Pot y su lamentable régimen os dejo el siguiente link:  http://www.youtube.com/watch?v=vtPHzkfJv2Q

El cruento régimen imbuye de grandeza al pueblo camboyano, que lejos de relamerse unas heridas aún abiertas, justificada estaría su autocompasión, mira hacia delante con valentía, transparencia y sentido del humor. También con ignorancia. El calor es difícilmente soportable, así que, si bien fracasamos en el intento de purificar nuestro cuerpo ingiriendo tan sólo fruta y agua durante nuestro tour camboyano (en nuestro descargo hay que decir que la fruta no se encontraba en las condiciones de Indonesia o Tailandia) lo compensamos descubriendo los 200 km2 de Angkor Wat de la forma más fatigosa y profunda, en bicicleta.  

Una ciudad completa Siem Reap; su mercado, buena comida en puestos callejeros, locas noches en la Pub Street y un trato muy cercano con su gente. El agua es cara y un masaje de 20 minutos en pies y piernas cuesta 1 U$. Porque la moneda en Camboya es el dólar y el riel, este último en desuso. Niños correteando por todos lados, en las tiendas y en la calle, tullidos desmembrados resultado de las minas antipersona se arrastran buscando una limosna que difícilmente van a disfrutar, vendedores ambulantes ofertando sus crepes, guías de viaje y transporte para todos. Ausencia total de tensión por peligrosidad, parece un pueblo desordenado e inofensivo. Y, por cercanía, es la base perfecta para conocer el mayor complejo religioso del planeta tierra, antiguo centro político del Imperio Jemer. ANGKOR WAT (http://es.wikipedia.org/wiki/Angkor_Wat).

Alquilamos la bici tres días por 2.5 U$ cada uno de ellos, el mismo precio que cuesta una moto en Bali. El hombre tenía una agencia de viajes y le caímos bien.

El primer atardecer lo visioné desde Phnom Bakheng, el templo recomendado por el tuktukero que nos trajo, siempre presente en los aledaños del hotel por nombre, pensión por trato. Tuve que subir sólo porque Inu iba en camiseta de tirantes y no le dejaron acceder al templo. Le pedí un fular a una japo para que Inu  cubriese sus hombros y, aunque fue gracioso verle sudando con una capa roja y verde, no coló; me convenció a entrar José, otro español que se había quedado sin atardecer por el mismo motivo. *Mi amigo está arriba, por lo menos que lo vea uno de los dos. Y subí al templo, infestado de asiáticos con trípodes y cámaras profesionales. A los quince minutos bajé de nuevo, paso. José, gay valenciano, venía de tres meses en la India y hablaba de ese país con brillo en los ojos. Nos aconsejó sobre las playas de Tailandia y quedamos en tomar unas cerves un día de estos, que nunca llegó.

Precio entrada 3 días: 40 U$.


Nuestro guía, la Lonely Planet, recomendaba la visita a los templos en orden cronológico a su construcción, para hacerse una mejor idea de la evolución del arte jemer a través de las diferentes dinastías, y le hicimos caso. Al estilo de Egipto, cada Rey (en su caso faraón) plasmaba su devoción divina y poder en la construcción de colosales templos (pirámides) durante su reinado. Los kilómetros que cubrimos pedaleando el primer día bajo un aplastante solano nos acercaron a las arterias del corazón del símbolo de Camboya. De primeras nos dirigimos a la Ciudad de Roluos y, como no está del todo bien señalizado, nos pasamos cuatro kilómetros que deshicimos para adentrarnos en Loilé, poblado de zancudas casas de madera levantado gracias a las donaciones de los países que orgullosos muestran su bandera en la puerta de hogares y escuelas. 

Fue la mañana de un niño, una sonrisa, unas palmas, un dólar. Las casas sirven a su vez de escuela y los profesores están haciendo una gran labor con los peques, que básicamente aprenden inglés. Conversamos media hora larga con Jay, mientras nos rodeaban niños y mayores, contentos por la visita alienígena que significábamos para ellos. La bici, que llega donde buses y tuktuks no lo hacen. Inu quedó impactado con Jeff, el monje budista de dieciocho años que enseña canto e inglés a chavales más jóvenes que él. Nos enseñó las aulas, material escolar y Pc´s, todo fruto de donaciones desinteresadas de gente comprometida. Sentí vacío al no poder ofrecer más que mi enfocada atención y un sincero abrazo. “Fíjate este chaval, con dieciocho está enseñando a otros, recibiendo a extranjeros con un nivel de inglés más que aceptable, ajeno a las tonterías que tenemos en la cabeza en España a esa edad, cuando la mayoría siquiera ha salido del cascarón…” Ya ves Inu, fuerte ¡eh!


Jeff e Inu conversando en el descansillo del aula

Entre un aura de espiritualidad y polvo flotante, parando en mini puestos ambulantes de venta de bebidas y zumo de caña de azúcar, prácticamente sin sombra proyectada por la verticalidad con la que el sol incidía en todos los centímetros de nuestra sudorosa espalda protegida con factor 50, llegamos a construcciones más recientes y colosales. Repetíamos operación en cada  templo visitado. Dejábamos la bici y ordenábamos a dos pequeños cuidárnoslas, cuando volvíamos ahí seguían los peques, que se ganaban dólar por cabeza, y entonces nos rodeaban, gritaban y suplicaban otros diez niños por dinero… Un buen bofetón y salían corriendo. Es broma. A los 20 kilómetros del primer atardecer le sumamos los 51 km de la excursión del segundo día, que nos dejó exhaustos y el culo dolorido, una sensación que seguro much@s conocéis y que, sin ser placentera, recuerda el esfuerzo realizado, por lo que se deja llevar.























Esa noche cayeron masaje, crepe de chocolate y plátano, birras y algún baile, venga a lo loco; nada intempestivo porque a las 5 am del siguiente día pedaleábamos 10 km a oscuras, cantando con la brisa, en dirección al templo más famoso de todos para disfrutar de un amanecer reflejado en el lago de su entrada: Angkor Wat.

Pre amanecer en AW






Fue otro día de descubrimientos. Flipamos con el Templo de Bayon y sus 216 caras gigantes, lo gozamos en la primera hora de un vacío y magnífico Angkor Tom, que evoca la época de florecimiento de la ciudad templaria más internacional, aquella que contaba con un millón de habitantes cuando ciudades como Londres apenas superaban los cincuenta mil. Y también nos descojonamos con los frentazos que se daba la gente en alguna puerta o acceso bajo, resonando el impacto en cada piedra del lugar santo. Buff, ¿Está bien? *Sí, no es nada, repetían aturdidos cuando la realidad deslizaba un torbellino de dolor en forma de chichón instantáneo.

Inu en la entrada sur de AW.

Los Jemeres ya sabían en lo que fijarse
Inu accediendo al Templo de Bayon
Echamos un ajedrez viendo como el sol tomaba posición en su altar y, tras visitar los templos que sirvieron de decorado a Lara Croft en Tomb Raider y a Indiana Jones en alguna de sus cruzadas, nos tiramos un rato en el césped que precedía al gran lago cuadrado que rodea Angkor Wat. Chinos, japos y coreanos (los del sur porque los del norte están ocupados en otros hobbies), todos en autobús, a granel, a chorro, inundando a media mañana cualquier rincón de la ciudad templaria. Abanicos, pamelas y cámaras, muchas quejas por el calor, paquete vacacional que trae algunas incomodidades, tranquilos, ya disfrutareis de las fotos en el salón de vuestra casa.
Bayon

Calor sofocante, pueblo energizante. Verde, salvaje, arbolado. Tres niveles sociales: Los mayores de cuarenta, todos supervivientes y afectados trágicamente por la matanza Polpotiana, los mayores de quince y menores de cuarenta, hijos de un de País indefinido, buscavidas agradables producto del postgenocidio y los menores de quince, hijos de la nueva Camboya, angloparlantes y carentes del miedo de sus progenitores, la esperanza de resurgimiento recae sobre sus pasos. Sociedad  supersticiosa, no les gusta el número 8 (significa privación de libertad) ni el 4 (su trazo implica decapitación), por ello buscarán casamientos entre edades que no sumen ni acaben en esos números. Natural. Perdona, ¿tienes agua? Cógela tú mismo de la nevera, me dice la mujer mientras amamanta a su pequeña, no se ruboriza, no se enerva, sigue en su tarea. Viciosos por ignorancia: alcohol, sexo y otras drogas componen la vida de algunos, los menos, pero los hay. Se respira bondad, pero también contaminación así que no inspires muy fuerte o entenderás porque la mayoría lleva una pashmina en la boca. ¿Barato? Alojamiento sí, la comida como en el resto del SEA.

Inu contemplando la magnificencia de Angkor Wat 

 En Camboya tan a gusto como en casa.

5 días después volvíamos a la frontera y la pesadez de los trámites fue la misma que entonces. El mismo día que viajamos, nuestro tren salía desde Bangkok (19.30h) rumbo al sur, a las islas de Tailandia, en concreto queríamos llegar a Ko Tao. Habíamos quedado con Villa (malagueño que conocimos en Bali) en la Kao San Road a las 16h, hora prevista de nuestra llegada. Sin embargo a las 17h aún nos encontrábamos a 150 km de la capital… 
Detalle de una de las 216 caras gigantes del Templo de Bayon.
Árboles gigantes cuyas raíces penetran en la roca de los
Templos creando imágenes inverosímiles
Creamos escuela con esta foto, muchos la repitieron.
Agua y fruta siempre a Maly
No me acuerdo de su nombre, pero si de cómo engullía coco...


domingo, 24 de marzo de 2013

...L.U.N.A...

SEAWS XXXIII
South East Asia Wild Spirit

“Es tan corto nuestro paso por este planeta que es una pésima idea no gozar cada paso y cada instante, con el favor de una mente que no tiene límites y un corazón que puede amar mucho más de lo que suponemos..."

 Facundo Cabral
Cantautor Argentino



























lunes, 18 de marzo de 2013

STUNNING BANGKOK II

SEAWS XXXII
South East Asia Wild Spirit 

Cada ser humano es maestro y alumno al mismo tiempo. Aprendamos bien pues al final, nuestras propias respuestas al examen de la vida, medirán el éxito o fracaso de los maestros que hemos ido encontrando a lo largo del camino. Ellos serán juzgados en base a la consciencia alcanzada por sus continuadores, es decir, todos nosotros.
L.P.C.

Panoramix del Buda reclinado. Colosal y al vacío, incrustado en una pequeña edificación.
 DÍA 4 – MUAY THAI EXPERIENCE: Amanecí a las 7 am, descansado y lúcido. Inu dormía a mi derecha así que, antes de despertarle, planifiqué el día con el mapa de la city. *¿Dónde está la mejor cocinera de Bangkok? –No lo sé. El humor de la mujer del White Conner´s, donde desayunamos a diario, era de los peores. Por ello acabamos en el restaurante de la siguiente esquina, aunque el vistoso decorado y la conexión wi-fi gratuita no disimulaba la diferencia de calidad entre uno y otro. 


Inu en el ornamentado patio central del Wat Po, Bangkok.
La planta de los pies
 refleja el paso
de Buda al Nirvana.
Guardián de fe de una de las más de 
1000 representaciones de Buda
 existentes en el Wat Po.
Barquito (15 THB) hasta el muelle de Tha Thien, en el barrio de Bang Lumpu, ubicación en la que se concentran los tres templos que queríamos visitar. Fuerte hedor a pescado hasta llegar al Wat Po, el templo más colosal y antiguo de Bangkok, que alberga en su interior la estatua del Buda yacente más grande del país. 43 metros de largo y 16 de alto tiene el Buda cubierto de pan de oro… De ahí nos dirigimos al Palacio Real, si la ciudad está plagada de desmedidas fotografías del Rey, su Palacio debe estar a su pretendida altura. Caminando bajo un sol calcinador con 85% de humedad en el ambiente, sudar era consecuencia más que opción. ¿500 THB la entrada? Qué va, ya volveremos de viejetes que esto, en principio, seguirá aquí. 


Panorámica desde el mirador de Wat Arun. A la derecha se aprecia lejano el Palacio Real,
en la otra orilla del río Cha Praya.











¿En cuánto tiempo dices que me subo la torre?
20 segundos mínimo. La sudada hizo cauce,
pero a los 16 segundos saludaba desde arriba...
Imponente vista del Wat Arun
desde el barco.
Cruzamos el río (3 THB) para acceder al Wat Arun, una de las postales de Bangkok, cuya torre se eleva hasta los 46 metros de altura a orillas del río Chao Praya. Escalones estrechos y verticales, los que subían lo hacían con ambas manos en la barandilla, a pausado ritmo. Dejamos una inscripción en la tela habilitada al recuerdo gozando de una privilegiada vista del activo tráfico fluvial del río y de toda la ciudad.

Sky train en el futurista distrito de Sukhumvit, BKK. 
Una vez saturados de templos, pese a que mi interior se inclina hacia los principios budistas latentes en estas tierras, bajamos el río hasta arribar a Sathorn Central Pier, nos subimos al Sky Train (tren elevado) cuyo potente aire acondicionado secó mi mojada camisa y aparecimos en Siam, zona de rascacielos, centros comerciales y ajetreada actividad. Impactante y gracioso observar a los adinerados tailandeses vestidos internacionalmente arrasar las tiendas de Parangon, bien diferenciada la clase social (o intento de la misma) de cada cual. Precios europeos excepto en Zara, que tiraba de sus encarecidos precios neoyorquinos. Pues nada nen, vamos a comer ¿no? Y tras comentar los pros y contras de calzarnos un buffet libre en un italiano, más por la salud del bolsillo que por la del body, nos sentamos a ponernos ciegos a jamón serrano (no lo catábamos desde que salimos de España), salmón, berenjenas rellenas de verdura, mejillones, pizza y varios estilos de pasta… ¿y de beber? La botella de 2 litros de agua que habíamos comprado en el 7/11, que por ahí es donde te clavan bien en los buffets.

Quedaban cuatro horas para que comenzase la velada de Muay Thai en el Lumpinee Boxing Stadium. La primera de ellas reposamos la comida en la versión tailandesa del parque del retiro madrileño, el Lumphini Park, el gran parque que toda gran ciudad tiene. Profunda siesta de la que despertamos con gotas de lluvia en la cara y mordidas de hormiga en brazos y piernas. ¡Qué sobada! Vamos al estadio a ver si no van a quedar entradas y la liamos. A tres horas del inicio, el ambiente en los aledaños del estadio iba in crescendo y numerosos vendedores trataban de impedir que llegases a las taquillas, aún cerradas. Era noche esperada, la mejor velada del trimestre, una de las cuatro grandes del año, con 4 peleas de campeonato de las 10 programadas. Y también era más caro. Nos habían advertido de la falsedad de las entradas no compradas en taquilla y estábamos reticentes al convincente vendedor, cero ganas de regalar 60€, pero el chaval nos dio un resguardo sin pagarle cantidad alguna. Buscadme cuando queráis entrar. Ina, voy a escribir un poco. Él sesteó de nuevo en el parque.

De no ser por el calvo y sus colegas hubiéramos gozado de privilegiada posición.
Este hombre acabó sin pulmones.
Dos cervezas rápidas y al estadio. Nos perdimos el combate que abrió la fiesta, pero daba igual. Ambientazo espectacular en las gradas, los thais a loco grito en la que es su máxima pasión, por encima del fútbol y otros entretenimientos. Los mejores luchadores de Muay Thai, seleccionados de entre todas las regiones del país, se citaron esa noche de patadas épicas y noqueos paralizantes. Vaya ostias se pega la gente, estábamos en la zona del ring, en tercera fila, escuchando el sonido seco cada vez que la tibia de uno impactaba en el costado del otro. Rapidísimos, agresivos, eléctricos, concentrados en destrozar a su oponente. Salían del pasillo bajo el anuncio de sus nombres por megafonía y el estadio, de madera, rugía por sus ídolos. Cinco asaltos por combate (7 si eran de campeonato) de cuatro minutos cada uno. Los luchadores salen al ring e inician el ritual de pedir y dar gracias con un característico baile lento, en el que marcan exageradamente los movimientos, rezando en cada una de las cuatro esquinas del ring por la victoria final. Cuando suena la campana, chocan puños y se empiezan a calentar el lomo mientras el cronometrador toca en su flauta la música del combate. Violentos golpes, castigadísimos los muslos y el dorsal. Siete combates acabaron por puntos y tres en K.O. Una experiencia brutal y divertida. 

Mondum rezando ausente. En tres asaltos arrebató el título de campeón a Chockpeecha, a priori más fuerte que él.

Era viernes noche en Bangkok; decidimos descansar después de un largo día con vistas a aprovechar la primera hora del mercado de Chatuchak, recomendado por todos.

Uno de los pasillos-calle del
mercado de Chatuchak.
 ¿Qué quieres?
Lo tenemos.
DÍA 5 – PRODUCTO NACIONAL: Moviéndonos como los locales, a primera hora de la mañana llegamos en autobús (13THB) al Gran Mercado de Chatuchak, accesible sábados y domingos. Disfruté viendo la puerta del bus abrirse dos segundos antes de cada parada, en vez de dos después. Chatuchak es inabarcable y se vende de todo, agobiante y consumista, inspiración de las marcas low cost en sus nuevas colecciones de ropa lanzadas en Europa y EEUU. Calles abarrotadas de gente y trapos, falsificaciones, segunda mano, diseñadores freelance en busca de su oportunidad. Zapatillas, música mezclada, calor, aire acondicionado, una locura en la que las mujeres se lo pasaban en grande. Tras un primer impulso de me lo llevo todo, compramos una camisa cada uno, regalada. Arte, tallas, decoración, juguetes, electrónica… aparte de la triunfadora camisa, del mercado me llevé dos de los mejores sabores que degusté en Tailandia; el helado de coco al estilo Chachak (tres bolas de coco servidas en medio coco cortado en láminas, topping de almendras y jugo propio) y el venerado Pad Thai, mix de pasta, soja y vegetales con huevo, especias y un movimiento sabrosísimo.

Vibrante actividad la de los camareros del mercado. Aquí se abrió la veda del delicioso Pad Thai.
En el bus de retorno dormitaba cuando Inu se y me despertó sobresaltado; ¡venga vamos Luki esta es nuestra parada! Saltamos en movimiento y, si bien estábamos cerca, faltaban un par de paradas para el Vimol, nuestro Hostel. Concretamos el plan: “Esta noche salimos por la zona de Sukhumvit, mañana resaca tranquila despidiéndonos de Bangka y el lunes a Camboya en el tren de las 5.55 a.m. Perfe.

La noche fue notable. Empezamos con un par de Changs, la cerveza nacional y pronto pasamos al ron. En el 7/11 compramos botella (4€) y en la misma tienda hicimos la mezcla en un vaso de coca-cola de litro (0.90€). Un túk túk nos llevó a la zona de discotecas punteras de Bangkok, Soi 11 en el distrito de Sukhumvit y allí repetimos operación en otro 7/11. Sensación extraña a medio camino entre la pena y el asco el ver a tanto viejete caucásico y barrigudo de la mano de jóvenes tailandesas, por todos lados, mirases a donde mirases. Copa, copa, copa en la calle y a un Sky Bar en la planta 27 de un hotel… Birra, tequila, bailoteos, vuelta de reconocimiento. Inmersos en la noche thai, poco extranjero por allí, la última vez que vi a Inu bailaba con una bella morena.

DÍA 6 – FLOATING MARKET: *¿Después de la noche que nos hemos dado me pides dinero? –Tú tienes, yo necesito… La pagué el taxi de vuelta a casa y me quedé pensando… Al poco llegó Inu: *¿Bien no? –Sí, pero la chica vive en herviland… ¿Por qué te fuiste? Estaba con siete thais con ganas, le enseñé tu foto a una y quiere conocerte… Me reí mucho con ellas, que graciosas son. –Me fui porque me raptó una que me convenció, pero vamos, esta noche quedamos con tus amigas.

El aire acondicionado nos lo daba la rendija abierta... Mítico
el abuelo de la izquierda. Elegante y señorial.

Con las neuronas desconectadas por la reseteadora resaca, nos plantamos en la estación de autobuses para llegar traqueteando hasta Ratchaburi (100km de BKK), lanzadera para continuar en la caja de un camión repleto de pasajeros al mercado flotante de Amphawa. Éramos motivo de conversación de nuestros sonrientes acompañantes, inviable la comunicación con ellos, aparte del lenguaje facial. Estábamos rodeados por 11 thais desconocidos entre sí y pensé que todos tendrían en común una canción de la infancia o folclórica. Les pedí que cantasen y ellos me miraban con cara de ¿?... Inu, qué canción nos sabemos los dos… Tirando de recuerdos indelebles empezamos a cantar el Oa Oa Oao... de Oliver y Benji y aunque no conseguimos que ellos se arrancasen con la suya, todos acabamos riendo en la caja de un camión rumbo al mercado flotante, que no estaba a pleno funcionamiento cuando llegamos. ¿2000 THB por ir en barco y no hay otra opción? Olvídalo mujer. Al final, tras mucho regateo (titánico esfuerzo diario el regateo constante con la finalidad de pagar un precio no abusivo por ser extranjero) nos llevaron en moto hasta allí. Flipo con la variedad de recetas culinarias que se saben en Tailandia, una fina lámina de barquillo con yema de huevo cocida y algo más hizo que la excursión mereciese la pena.

De repente me vino un sudor frío, ¿y si la chica de ayer está molesta conmigo porque no le di el dinero que me pidió por la mañana? Quizá algún amigo suyo me espere por la zona…

Cuando salimos del hostel dirección al McDonalds donde habíamos quedado con la amiga de Inu, nos dimos cuenta de dos cosas: que el lunes no nos íbamos a Camboya y que la Kao San Road en la que estuvimos de locura la primera noche no es la calle que hasta este día pensábamos que era la Kao!! Menudos luceros, así estaba de tranquila otras noches, ¡porque era otra calle! Y es que el ambiente de la Kao San, noche y día, invita al desparrame.

Amy, que inglés más gracioso
tiene mujer! 
Insectos gourmet,
menú completo - 2€.
*Luke que putada, no ha venido la guapa. –Ya veo. Bueno vamos a tomar algo en una terraza que la tuya te tiene ganas. Fue la noche de masticar escorpión (más sabroso que su aspecto), reírnos con la tamagochada de las thais, perder dólares (la mayoría de las veces jugando en serio) a pulsos chinos y al piedra, papel o tijera con los niños tais y de conocer a Charlotte, una francesa viajera que en dos semanas estará de ayuda humanitaria en Sri Lanka. El 26 de abril aterrizaré allí, así que ya me pasará info del país. –Lukiii, ¡me voy a casa! *Dale, oye que se vaya antes de que la viejecilla (hostelera) se despierte, que nos la lía… - Se va de viaje mañana a las 6.30 am así que de lujo. *¡Ciao!

Me quedé con Charlotte, Mark y Sarah bailando fuerte en un club de striptease, las bailarinas se bajaron y el escenario fue para nosotros 4. En un salto, el australiano se abrió la cabeza: -necesitas puntos man, con esto me vale, dijo envolviéndose la cabeza a lo E.T. en un pañuelo blanco enrojecido por la sangre. Sarah loca con las barras y yo con Charlie por allí, divertido.

Salí con gula a por un Pad Thai nocturno en un puestecillo ambulante y perdí al grupo, pedí otro Pad Thai, este de pollo en vez de gambas y, saboreándolo sin hambre, me fui a la cama.

DÍA 7 – DESPEDIDA: Vamos a la embajada, ya sé dónde está. Inu vuelve a España el 4 de abril desde Singapur y hasta esa fecha queremos estar en las playas de Tailandia. Ahora mismo tenemos visado hasta el 3 de abril (1 mes desde la entrada, por llegar al país en avión) lo que queremos saber es si al salir a Camboya este visado se anula, porque entrando por tierra te dan sólo 15 días y no nos llegaría hasta donde queremos, por eso teníamos que enterarnos en la embajada.

La viejecilla enfureció cuando nos vio a los tres en el hall, escondió los zapatos de Sua y todo… Despotricando en tailandés por llevar mujeres a dormir a su hostal… *¡Tenéis que pagar 200 THB más!

La embajada española, que no sale en los mapas, está en Ratchdapisek Rd, el distrito financiero de BKK. Llegamos en taxi (siempre más barato con taxímetro que con acuerdo previo) y Sua seguía con nosotros, Inu se despidió de ella antes de entrar en el edificio. Preciosa la bandera de España ondeando elegante: con dos gotas de sangre y un rayo de sol hizo Dios una bandera y se la dio a un español. Hora y media esperando en la sala para que nos dijesen lo que imaginábamos. La visa no es de múltiples entradas por lo que en caso de salir del país se anula y al entrar por tierra nos darán 15 días.  ¿Y qué opción tenemos para estar hasta el 3 de abril? –No salgáis del país. Carcajada de la salita de espera. Gracias hombre.

Volvimos al hostel. O estamos más tiempo del pensado en Camboya o nos movemos un poco por Tailandia antes de ir… Inu quería irse a Camboya: *si tenemos que salir de Tai el 31 de marzo, pues echamos cuatro días en Kuala Lumpur o en Singapur…  -Acuérdate de lo caro, gris y sin posibilidades que era Singa, allí comenzamos el viaje… Mientras lo aclaramos prefiero quedarme un día más aquí. Pusimos Pearl Harbour en el Pc y a soñar.

Extremo norte de la Kao
San Road.
DÍA 8 – BUDDHA´S DAY: Una vez visto y hecho lo “obligatorio” en Bangkok, disfrutamos de un día sin prisas, un día de regalo en la capital que sirvió de unión de los inconexos fragmentos de los siete días anteriores. Empezamos regateando pacientemente en los puestos de ropa de la Kao San, otra energía flotaba en el ambiente, la gente se mostraba más contenta y amable de lo habitual, o quizá yo cambié los ojos con los que miraba la misma realidad. Como dijo Ramón de Campoamor: “En este mundo traidor nada es verdad ni es mentira, todo es del color del cristal con que se mira.” *Strike, vamos al Hospital Sirirat, me lo ha recomendó Fito, me fio mucho de su gusto. – ¡A cruzar el río entonces!

A la salida del 7/11 (chocolaaaaate) nos abordó una simpática señora, nativa, profesora de inglés. Tenía mucha luz y le gustó nuestro rollo así que nos recomendó: - Son casi las 14h y el hospital cierra a las 15h, entre que llegáis y todo no os va a dar tiempo a verlo. Hoy es el día de Buddha y el gobierno subvenciona gasolina y entrada a museos, entre otras cosas. Saqué el mapa del bolsillo. Nos recomendó los templos del Big Buda y del Lucky Buda, que aún no habíamos visitado. También le hundió el día a un tuktukero, que se comprometió a llevarnos a esos dos templos, a la estación de tren y a casa por 40 THB entre los dos (lo lógico por esa ruta era mínimo 150THB/persona).

Viajamos tratando de evitar las agencias de viajes privadas y las grandes cadenas comerciales, pretendemos que sea el pequeño comerciante y el propio país el beneficiario del dinero generado de sol a sol en la granja de Shepparton, Australia. Lejana queda la experiencia en el tiempo, en un altar de la mente, presente.

La hora y media que estuvimos en la agencia nos proporcionó valiosa información, estructurando la parte de viaje que nos queda juntos a Inu y a mí. Planteamos la opción de ir al norte de Tailandia, a Chiang Mai, aunque las fotos de viajeros en balsas de caña con chalecos salvavidas y tribus que hablan inglés acabó por quitárnoslo de la cabeza. ¿Dónde quedó la pureza? Sabidos ya precios y fechas, nos fuimos a la colindante estación de tren de Hualampong, decepción para el agradable agente, pensó el hombre que tenía dos clientes cuando en realidad eran periodistas sacainformaciónsincontraprestación.

20 de marzo de 2013: bus + ferry con origen en BKK, destino la isla de Ko Tao.
26 de marzo de 2013: Full moon party en la isla de Ko Phangan.
4 de abril de 2013: vuelo Singapur-Madrid para Inu.
5 de abril de 2013: vuelo Singapur-Bali para Lucas.

Budita que nos estamos
descuidando las uñas eh!
Una imagen más de Buda,
en este caso el Lucky Buddha.
Riquísimo el coquete.
En el Lucky Buddha (buda de la suerte) nos frotamos la cara con agua bendita mientras pedíamos por lo que queda de trip con la coletilla de salud y suerte para familiares y amigos. Helado de coco admirando la grandiosidad del Big Buda (32 metros de altura) y andando para casa, el tuktukero maldiciendo a la señora, aunque al pavo le echamos una mano para conseguir gasolina gratis al visitar una tienda concertada... Él lleva potenciales clientes allí y recibe cupones de gasolina gratis: práctica extendida en BKK que puede fácilmente acabar en timo.

Antes de la despedida, nos organizamos: esta noche juega el FCB-AC Milán, vuelta de la champions con 2-0 en contra para el Barça, por diferencia horaria juegan en directo a las 2.45 am, lo vemos y a la estación para coger el tren a la frontera camboyana a las 5.55 am… Timming perfecto sobre el papel.

Cenando donde solíamos recibimos info necesaria de Rose, la americana ONG que conocimos el primer día. *Necesitáis 1 foto para el visado camboyano, cambiad dinero en dólares porque vale 20 U$ entrar y no aceptan THB. Otra cosa, primero salid de Tailandia y luego pagáis el visado camboyano, estafan a muchos viajeros así en falsas oficinas oficiales. ¡Gracias!

Era martes y decidimos repetir el ritual del anterior martes, nuestro primer día. Vamos, que nos quedamos otro día más… Blues en vivo antes de reventar la Kao San, las oficinas de cambio de dinero cerradas y el líquido de lentillas que compré lo perdí entre cerveza y cerveza. Una vuelta viendo el crowd de esa noche, nos fijamos en dos gatas y aparecimos en la mesa de al lado. Eran forrethais, porche y todo… Gente y más gente por allí. Al poco nos besábamos con ellas. Me rallé y me vino a la cabeza la frase del australiano en el aerpuerto de Melbourne: Remember, always check twice. Ina ¿seguro que la tuya no tiene lo mismo que tú y que yo? Toqué disimuladamente a la mía, nada que temer por aquí… Me descojoné al ver a Inu averiguando…

A la salida de la discoteca ya sin thais, antes de ver el partido en pantalla gigante, se nos unieron dos treintañeras, bombas portuguesas amantes de la cirugía estética, los barcos e Ibiza. Gocé con la remontada del sublime Barcelona, recital de cánticos que me costaron la atención del camarero: Dude, nací en Tarragona, amo al FCB, si pinchas mi brazo saldrá sangre azulgrana, ¡no me jodas! Sin saber el camino nos vi a los 4 recibiendo un masaje en los pies tumbados en unas hamacas y cuando volví en mí, desaparecí con la caprichosa Inés. Antes de que la viejita abriese la boca le dije: pago habitación para dos, sólo somos dos. Y subí.

DÍA 9 – ATRAPADOS: A las 16.15 Inu entró en la habita. *Menuda noche… No sabes la habitación que se gastan las portus. Piso 19 con vistas al río…

RE-SA-CA

Ahora el que se quería ir a Camboya era yo, pero Inu quiso quedar de nuevo con las portuguesas para acabar lo que había empezado. Llegamos media hora tarde al punto de encuentro y ya no estaban allí. Tres francesas se nos presentaron, a una de ellas le había encantado Inu. No es mi tipo, dijo Ina. Compré otro líquido de lentillas y pese a que las franchescas se pusieron pesadas para que nos quedásemos, nos fuimos a descansar. *Chicos, pero si en un día veis Angkor Wat, quedaos con nosotras!– Más que verlo, queremos vivirlo… Bona nit.

¿Es esta? Sí, hemos llegado.
DÍA 10 – LAST DAY: Y por fin llegó el día del adiós. Gracias BKK por momentos genuinos vividos con la intensidad del goce. Adiós a la Kao San y a todos los nativos conocidos, una sonrisa para cada uno de ellos, otra para nosotros. Menos nuestra casera, refunfuñando después de todo, sólo la apacigua el color del dinero. Una estancia completa en la capital de Tailandia. Tenía en mente, porque me lo habían dicho, que Apocalypto era una película mala con pretensiones. Inu estaba en contra de esa calificación y, después de verla, estoy con él. Peliculón.

La verdadera magia de viajar reside en las historias que se entrelazan y te absorben de pasada  cuando tus planes eran otros.