SEAWS XLI
South East Asia Wild Spirit
"Dentro de un tiempo, da igual si es poco o mucho porque ninguno lo veremos, el mundo será un barrio del universo"
Colombo-Batticaloa-Pottuvil-AB. Llegué a Arugam Bay (AB) prontito,
a eso de las 7 am, luego de doce horas de viaje. Las nueve primeras, nocturnas,
en tercera clase sentado en un sofá de primera, ni un turista en mi vagón,
comodidad superior al precio del pasaje. Tres horas repartidas entre dos
autobuses que iban de rally por la indómita costa Srilankense y diez minutos de
tuktuk. Así aparecí en el Beach Hut (BH), guest house en primera línea de playa,
rodeado de vegetación y otros guest houses: Sólo tenemos una habitación muy
básica, son 500 rupias la noche (3.10€). No necesité verla para auparme la
mochila y hacerla mía. Ya estoy, aquí voy a pasar la parte final de mi viaje.
Dejé las cosas y me tumbé en la cama pensando en lo cansado que estaba.
Mentira. Era una idea mental vencida por las ganas de conocer el lugar a donde
había llegado. Ducha fresca, bañador y andando por la extensa bahía dirección
al main point (MP) para chequear la larga derecha que quiero conquistar. De
camino me incorporé a la fila de diez pescadores que tiraban de la red sacándola
del agua, rebosante de peces, algas y una manta raya que quedó atrapada. 40
minutos estuve sudando y cantando con ellos. 750 rupias al día (5€) se llevan
por un trabajo demasiado duro y mecánico. ¿Tsunami hotel? Menudo lucero el que
le puso el nombre después del verdadero tsunami que azotó la costa en 2004
dejando muertos y devastación a su paso.
Llegué al MP, un metro de ola, primera sección
rápida y hueca, si la pasas otras dos secciones despliegan su lienzo para que
en ellas dibujes lo que quieras. Agua caliente, fondo de escarpada roca y
bastante surfo en el agua. Me motivé y volví al hostel embargado por una
energía que me era familiar.
En la larga mesa de reuniones falicitadora de
relaciones, desayunando, conocí a Nikki y Ruth, dos londinenses graciosas que
se complementan a la perfección. Congenié instantáneamente con Nico, el
italiano de Milán con una historia reciente demasiado similar a la mía como
para no llevarnos bien. Al parecido físico latino se une la farm experience en
Australia y la estancia en Bali antes de caer en Sri Lanka.
Esa tarde me di el
primer baño desde la fisura en las costillas. Con un retro fish 6.0 (4€/día) más
estable que un shortboard, cogí derechas en wiskey point (12km norte de AB),
una ola menos agresiva que el MP y con fondo de arena. Perfecta para retomar el
feeling antes de coger olones en el pico. Dos días de olas pequeñas y comida
cingalesa, dolor en las costillas y ardiente bálsamo de tigre, gran hermano en
el Beach Hut: 25 cabañas repartidas en un terreno donde el resto es zona común,
si quieres estar sólo lo mejor es viajar con alguien. Demasiado pequeño el
tamaño de las olas y parece que va a menos, eso dicen los locales, los turistas
y magicseaweed.com, buen momento para conocer parte de las maravillas del país.
-Oye
italo, ¿qué te parece si nos vamos en tu scooter a recorrer algo de Sri?
*Creo
que mañana es buen día para partir.
Por la mañana y con la calma preparamos una
pequeña mochila con lo básico para tres días, dejando el grueso del equipaje en
la habitación de Kuna, cabeza visible del Beach Hut. Llévate chubasquero y
sudadera que en las montañas hará frío… Cuatro chicas (alemanas, pensé)
esperaban con sus mochilas en la mesa principal, recién llegadas. -Vais a gozar
aquí, si os quedáis más de tres días nos vemos a la vuelta. *¿Dónde váis? – Sin
rumbo fijo, pondremos a prueba el carácter de las gentes de Sri, a ver qué
ofrece el país. ¡Pasadlo bien! -Kuna, en tres días estamos aquí, ¿nos guardas
las habitaciones para entonces? *Hecho.
El punto vertebrador del minitrip fue la
montaña de Adam´s Peak: objeto de peregrinación por parte de nativos y
turistas, su ascenso de madrugada se ha popularizado ya que desde su cima se
aprecia el despuntar del alba que visibiliza plantaciones de té, montañas y
ríos en todo el alcance de la vista. Aparte, ver elefantes en su hábitat
natural y sentir la temperatura de los habitantes del país eran los objetivos
principales de la incursión.
Nico conduciendo la scooter negra (5€/día) con
su mochila entre las piernas, yo de paquete con la mía en la espalda; dejamos
las tablas en sus respectivas tiendas corriendo los días de alquiler, a contar
de nuevo desde la vuelta. ¡Dale gas italo!
 |
Nico, de Milán, un cachondo mental |

En total cubrimos unos 700 km srilankenses
(sensación de 1500 km europeos), invirtiendo para ello veintidós horas de
conducción (quince con Nico a los mandos y el resto conmigo manejando)
repartidas en tres días. Una experiencia impresionante sin armaduras ni
aislamientos, penetrando literalmente en las entrañas del país a corazón
abierto. El primer destino fue Ella,
encantador pueblito de montaña al que llegamos tras parada técnica en las Rawana Falls (pequeñas cascadas). Decidimos
hacer noche allí y empezamos la búsqueda de hotel. Entre 2.000 y 3.000 rupias
por los dos (13/19€). Muy caro. La lluvia había amenazado la ascensión con la
motillo y fue al llegar a Ella cuando se puso a diluviar.
Abandonamos la calle principal en busca de una
opción más económica, conseguida en un hotelazo regentado por el bautizado
“Miguelito”, tal era su cara con el ceño fruncido, gafas de pasta y pantalón
subido por encima del ombligo a sus tiernos vietiséis años. -¿Cuánto cuesta
esta habitación Miguelito? *3.000 –Uff, no, no. *¿Cuánto queréis pagar? -1.000
entre los dos. *Bueno, está bien, por ese precio tengo esta. Nos condujo a la
habitación contigua y gemela, idéntica. No entendimos el porqué de la rebaja
pero ahí nos quedamos. Par de cervezas en el Nescoffee, el bar reggae más cool
de la zona donde no había nada de ambiente (disuadido por la propia
idiosincrasia del lugar y la potente lluvia) y de vuelta al hotel. Esa noche
pude ver la debacle del FCB ante el Bayern de Munich en el LCD del salón.
 |
Nico a lo Cristo Redentor en Little Adam´s Peak |
A las 8 am y tras degustar el desayuno típico
dominguero de los cingaleses con dinero, ascendimos al Little Adam´s Peak, fantásticas sus vistas sin niebla de por medio.
Oye, ¿me tiras una foto? Era una pareja francesa con la que intercambiamos info
del país. Decidieron visitar Arugam Bay tras conocernos. El chaval había
ascendido Adam´s Peak en dos horas quince minutos, orgulloso estaba el hombre
de su gesta (habitualmente se cubren los verticales 7 km en 2h30m o 3h30m). Sus
fotos, motivadoras. Esta noche nos toca a nosotros ¡Vamos!
 |
La humanidad se encuentra imbuida en cada rincón
del globo. |
Volvimos sepertenteando por las verdes montañas
y una de las mujeres recolectadoras de hojas de té nos invitó a su casa. La
seguimos hasta una humilde estructura donde preparó una reponedora infusión ofrecida
con amplia sonrisa y manos curtidas, a la par que narraba los caminos profesionales
elegidos por sus dos hijas y el hijo mayor, que formaba parte del equipo
nacional de judo.
Fue curisoso su rechazo a nuestras rupias de
agradecimiento mientras sonreía, quizá porque nos estaba dando la lección de
cómo estar en paz y goce desprovista de las necesidades materiales que guían
nuestros instintos en el “primer” mundo.
Recogimos nuestras cosillas e hicimos caso a Miguelito respecto de la ruta a seguir
para llegar a Delhousie, pueblo base
para el ascenso a Adam´s Peak. Y ahí empezó el verdadero challenge para el
scooter de 125. Carreteras de montaña agujereadas cual queso gruyer, un solo
sentido que me hacían contener el aliento mordiéndome el labio en cada curva
cerrada que Nico tomaba a lo Il Dottore.
Notando el calor que desprendían los autobuses al sobrepasarlos… Lluvia,
plantaciones de té a ambos lados, paisaje impactante imposible de acotar con
palabras, exaltador de vista y olfato, camiones y autobuses desbocados, ley del
más fuerte sobre el asfalto. Me puse a los mandos con Nico agotado y empezó el
camino de tierra bacheado. Perfecto.
 |
Comimos en el puesto de la izquierda, sus gentes
transpiraban calma y transparencia. |
Sobrepasé el desvío cuya señalización no
hubiera visto siquiera andando y atravesado el pueblo de Kotagala
entramos en un aura tan buena que paramos a saludar. Evidentemente fuimos la
atracción de los allí presentes, sobre todo del travieso niño que correteaba
persiguiéndonos. En uno de los puestecillos de comida Nico aromateó pollo en
salsa y nos quedamos a comer. Tenían todos los ingredientes y especias en el
expositor e hicimos cocina fusión con ellos. Vamos, que preparé arroz con
huevos, vegetales y pollo en la enorme sartén ante la atenta mirada cingalesa, se
reían sorprendidos por la “extraña” forma de mezclar y les dejé el asunto para
su toque final de muñeca del cual carezco. Habían comido todos menos un señor
gracioso al que invitamos a sentarse en la mesa con un plato de arroz que no se
comió in situ por desconocer el uso de los cubiertos. Se lo llevó a casa. Por
el entorno, la propina que dejamos allí fue mayor que la cuenta.
Eran las 4 pm cuando llegamos a Hatton, último “gran” núcleo urbano
antes de Adam´s Peak. *Nicolino, buscamos hotel aquí que será más barato que
tan cerca de Adam´s, lo suyo sería descansar hasta la noche para empezar el
ascenso a las 2 am.
Detenidos en una pequeña rotonda un hombre se
acercó. Su inglés era perfectamente entendible. *Chicos, ¿puedo ayudaros? –Hola
buen hombre, buscamos un hotel barato para descansar a no ser que podamos
quedarnos en su casa, je (soltó Nico). El hombre no se sobresaltó pese a lo
atrevido del comentario: *Conozco uno muy económico que no está lejos de aquí, ¿de
dónde sois? –Italia y España. *Mi sobrino está en Madrid. Allí he crecido, dije.
Nos dio indicaciones para llegar al hotel y nos
despedimos. Era un espacio de reminiscencias coloniales, como una casa de
muñecas antigua afectada por el inexorable paso del tiempo, al igual que su
anciano recepcionista. No bajaba de 3.000 rupias. –A ver caballero, son 3000
rupias las 24 horas ¿no? Vamos a estar tan sólo 8, por lo que al tratarse de un
tercio el precio debería ser de 1000 rupias… Aunque calculó mentalmente, el
hombre no cedió.
Para nuestra sorpresa, a la salida estaba “El Indicador”. Tenía un visible conflicto
interior e hizo una llamada. *Mi casa es pequeña pero podéis descansar allí. –¡Gracias!
Le acompañé en tuk tuk y Nico nos siguió. El menor de sus dos hijos, Akram (18
años, futuro ingeniero aeronáutico) estudiaba en la habitación que hicimos
nuestra. Conocimos a la madre, encantadora y hospitalaria y apareció el hijo
mayor, Arshad, diseñador gráfico. El padre, al que bautizamos como Uncle (tío
en inglés), ejercía de pastor hindú una vez retirado de sus funciones como
tesorero nacional en Colombo.
Me encontraba tremendamente cansado y la
familia, como es lógico ante tan inesperada y estimulante visita, quería
conversar. Conseguí posponer el encuentro hasta las 8 pm y nos dejaron sólos en
la habitación. La siesta en la misma cama con el italo estuvo marcada por la
inconexión de mis sueños cuyo denominador común fue el color azul. Cepillándome
los dientes estaba cuando me di la vuelta y a poca distancia de mi se
encontraba Uncle mirándome fija e impasiblemente. Su inesperada presencia me
sobresaltó.
Entró en la pieza el resto de la familia,
también la risueña anciana hermana de Uncle. Allí estuvimos poniéndonos al día cultural
y mutuamente. Fue una tarde tan mágica como el resto del viaje, cada lance
parecía orquestado por la bondad del destino que nos brindaba lo mejor de las
gentes del país en dosis concentradas de cariño inmerecido.
Noche cerrada de diluvio universal, llovía con
furia mientras la madre preparaba un estofado de carne con patatas para la
cena. Cenamos en la casa de enfrente, al otro lado de la “carretera”, donde
vivían los padres con la hermana de Uncle (los chavales vivían en la casa de la
siesta). Llovía tanto que el hombre, en un arrebato de responsabilidad hacia
nosotros, nos impidió ir en moto a Adam´s Peak. *Sale un autobús a las 10 pm,
tarda hora y media.
 |
La familia Cingalesa! |
Decidimos ir con lo puesto dejando la mochila
en la casa, total, volveríamos al día siguiente.
El supuesto autobús nunca llegó y tras una hora
comentando sentados en un muro decidimos coger la moto. Un mapita a boli
diseñado por Uncle y a cubrir los 31 km que nos separaban de Delhousie. Hora y
media de curvas aliñados por fina lluvia. Oscuridad absoluta debido a la ausencia
de tendido eléctrico, plaga de sapos suicidas que saltaban a la carretera a
nuestro paso (por lo menos seis atravesaron el camino, uno de ellos impactó en
mi pie izquierdo) y, ya llegando, frenazo encogedor de corazón ante la familia
de jabalíes que cruzó la vía muy cerca de nosotros.
 |
Reponiendo el cuerpo de la paliza motera
en "cómodas" camas. ¿Podemos tirarnos
un rato ahí? La cara del chaval fue de aceptación. |
El solitario hombre que caminaba por la
carretera muy lejos de cualquier civilización sabía como arribar a nuestro destino.
Medianoche cuando llegamos, pronto para empezar el ascenso (lo suyo es hacer
cumbre al amanecer, a eso de las 5.15). Hicimos tiempo tomando té, bollo y
chocolatina (3 veces repetimos menú, qué rico, qué hambre, qué gula), luego nos
metimos en la trastienda a descansar tumbados sobre unas mesas. Gente maja en
Sri.
A las 2 am salimos del local para empezar a
subir escaleras. Adam´s Peak: más de
5.400 escalones de piedra cuya verticalidad varía dependiendo del tramo, todo
el camino iluminado por luces blancas generando un entorno místico y peculiar. Motivados
y encendidos con el té. Un monje budista me colocó una pulsera (lazo blanco) en
la muñeca derecha: dice la tradición que has de pedir un deseo mientras te la
ponen y cuando la pulsera caiga, si el deseo es honesto, significará que están
puestas las bases para su cumplimiento.
Al poco avisté una cara conocida: *¡Artemis!
Qué pasa griega, bueno verte aquí. La conocí surfeando en Arugam Bay, su
próximo destino es Maldivas, mujer de mente abierta delicia para conversar. Hacía
grupo con tres chicas desconocidas para nosotros. Unas risas, par de fotos,
unos escalones juntos y un bueno chicas, un placer, nos vemos arriba.
Fresquete montañero, a medida que avanzábamos la
niebla se densificaba. Las palabras dejaron paso a la respiración. Sudando a
chorro, cedí la mochila a Nico (llevaba cargando un rato) y seguimos
ascendiendo. *Luki, un descanso para beber agua… -No puedo tío, nos vemos
arriba.
Seguí sin detenerme hasta coronar, sintiendo
una conexión muy especial, beneplácito intangible y apátrida de invisibilidad
tan palpable que me provocó un baile del alma. Familias srilankesas, turistas
despistados, cada cual a su ritmo. Pie derecho, escalón, pie izquierdo, escalón,
frío externo calor interno, varias alarmas corporales ficticias que no me
engañaron… Con el intermitente encendido, adelantando continuamente. –Mira cariño,
ahí va un auténtico deportista. Me di la vuelta para sacar de su ilusión a la
pareja: *Eso quisiera, sólo es una promesa.
“Último puesto de agua” rezaba la pintada en la
pared que me hizo entender que la cima quedaba cerca. Para ese momento parecía
que me estaba duchando, la camiseta empapada (el chubasquero en la mochila que
tenía Nico). Llegué al mirador sin camiseta (con lo mojada que estaba sólo
podía coger frío al detenerme) ni zapatillas (obligatoria su retirada en señal
de respeto al Buda). 1h40min. Fuertes rachas de viento helado, me refugié
quince minutos tras una pared semiprotegida, plagada de enormes polillas.
 |
Adam´s Peak, mirador. Dentro de la casa una estatua de Buda
objeto de veneración, ofrendas, deseos y peticiones. |
 |
Nubes danzando al amanecer. |
El señor que estaba tras la reja me preparó un
té que me calentó lentamente y también me dejó un chubasquero. Veinte minutos
después llegó Nico y, pasada la hora y media, aparecieron las chicas. El alba
iluminó el mar de nubes que campaba por el valle en 360°, una pena ya que dicen que lo
bonito de la ascensión es la vista al amanecer. Al poco, comenzó la ceremonia
de veneración y ofrenda a Buda con una conga de locales portando una sábana blanca
sobre sus cabezas mientras repetían una y otra vez el mismo mantra. Se trata de
una peregrinación importante para ellos, al nivel del Camino de Santiago para
los cristianos o La Meca para los musulmanes.
 |
Destino turístico, pero sobre todo nativo familiar. |
El descenso provocó temblores en las piernas,
que respondían peor que mejor. Desayunamos en el hotelazo de las chicas
(viajaban con más dinero que tiempo) y acto seguido Artemis se marchó a Kandy (la ciudad más importante de la Hill Country). Eran las 10 am y
aprovechando la bondad de los gerentes del hotel nos quedamos con su amplia habitación
(mención especial para la enorme y cómoda cama) hasta el check out de las 11.30.
Fue la mañana de Three Little Birds y decidimos unirnos a Angie, Julia y Vero,
sueca, austriaca y alemana, las tres trabajan en Dubai, en el departamento de
marketing de una cadena hotelera. Su próximo destino era el Parque Nacional de Udawalawe, uno de
los mejores del país para el avistamiento de elefantes. Y yo, al contrario que
Nico (ya había estado en dos reservas naturales), quería estar cerca de ellos.
 |
Desayuno reponedor, ellas duchadas y estrenando ropa...Nosotros no. |
La putada para nosotros era que teníamos la
mochila en Hatton, en casa de Uncle, que implicaba dirección contraria y 70 km,
de los de Sri Lanka, por la cara…
 |
GPS manual |
 |
Momento té durante el descenso. |
 |
Una foto que valga por muchas imágenes vistas en carretera. |
 |
Rompimos a reír tras la instantánea. On the road. |
 |
Con-ta-míname mézclate conmigo... Uno de los cientos de buses que
adelantamos/cruzamos. |
 |
Artemis! Muy maja la restauradora de arte, debido al intenso dolor en su rodilla
lesionada durante el descenso la llevé "a caballito" un buen tramo. ¿Peso mucho?
Qué va, daba igual.
|